Análisis de los principales personajes de “Un tranvía llamado deseo”

Realizamos este análisis de los perosonajes que intervenían en la clase abierta de Segundo Curso de Prácticas de Interpretación (Curso Escolar 2010-2011) en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

BLANCHE (32 años)

Hija de una familia con recursos, vio como éstos se iban destrozando, hasta llegar a la pérdida de la finca Belle-Rêve. Aquella grandiosa mansión le propició de niña la posibilidad de jugar y echar a volar su imaginación e inventar mundos imaginarios en sus inmensos salones y pasillos. Perder Belle Rêve fue, en gran medida, perder su infancia, la protección de sus muros, una vida confortable y rica.

Fuera le esperaba el desastre. Sin armas para enfrentarse a la vida, Blanche buscó por caminos equivocados el afecto y la seguridad que aquel lugar le ofrecía. El ejemplo más terrible fue precisamente el de su matrimonio. Se enamoró de un cuerpo joven y un rostro angelical, y él seguramente vio en ella una posibilidad de estabilizarse emocionalmente y madurar. Sin embargo, fue lo contrario. Ambos convirtieron su vida en un pequeño infierno, y ambos intentaron escaparse a su manera.

Tras el suicidio de este chico, del que siempre se sintió culpable, su vida se convirtió en un torbellino. De un modo desesperado, buscó cobijo en otros cuerpos. Esta vida convulsa y promiscua terminó erosionando definitivamente su reputación en el contexto de Laurel, un pueblo miserable y asfixiante, en donde todos intentaban meterse en la vida de todos. Quienes esperaban una buena oportunidad para actuar en su contra la encontraron en la extraña relación que mantuvo con un alumno de apenas dieciséis años.

A la reprobación moral de sus actos se unió el factor de la desorientación y el rechazo que en la mayoría producía su propio aspecto, consecuencia de su pasado, su educación y sus orígenes familiares. Aunque su conducta fuera tal vez reprobable, su aspecto era el de una puritana pasada de moda, extravagante y ridícula. Esta falta de conexión entre su forma de ser y sus modales refinados, su recargada forma de vestir, su tendencia a poetizar la realidad y a hablar de una manera incontenible, acrecentó el odio que por ella sentían muchas personas. De hecho, este peculiar cortocircuito es uno de los factores que dan origen a su tormentosa relación con Stanley.

Cuando aparece en casa de su hermana, Blanche está en un momento muy delicado. Si hubiera sido recibida con cariño, si ella no hubiera tratado tan despectivamente a su cuñado, si hubiera tenido más mano izquierda, probablemente hubiera sido posible enderezar todavía su existencia. Cuando empezaba a darse cuenta de que los príncipes azules no existen, Mitch podría haber sido para un compañero asequible. Pero el egoísmo y la brutalidad de los demás, unidos a su propia torpeza, la precipitaron finalmente en su propia destrucción emocional.

Las actrices que interpreten a Blanche deben evitar caer en un defecto: reducir el personaje a un espantajo ridículo. Alguien esperpéntico, vestido de manera anacrónica, etc. Es decir, no deben caer en la construcción exterior de un ente excéntrico.

Por el contrario, deben bucear en la tragedia personal de esta mujer, en las corrientes interiores de sus perturbadas emociones, en los porqués de sus errores.

Deben solucionar escénicamente esa dicotomía entre

personaje ridículo, hablador, maledicente y torpe,

y

personaje dulce, culto, educado y soñador.

STELLA (33 años)

Vivió en el mismo ambiente familiar que Blanche, pero decidió abandonarlo voluntariamente, tal vez porque percibió que en él, a pesar de sus ventajas, su vida no tendría la proyección y la independencia que consideraba necesarias. Por eso se fue, y por eso fue recriminada su acción por el resto de los miembros de su familia, incluida Blanche.

Se marchó y en la vida exterior se tuvo que esforzar para sobrevivir, aceptando trabajos duros. En ese ambiente conoció a Stanley, hijo de emigrantes polacos. Se enamoró de él, de su físico y de su forma de ser: enérgico, abierto, directo, rudo. Hasta sus defectos evidentes terminaron gustándole, o al menos, aprendió a aceptarlos. Vio en él a un hombre luchador y voluntarioso, que le proporcionaba el amor y la protección que necesitaba, y decidió casarse aceptando también sus peculiaridades, sus excesos, su bravuconería, su infantil orgullo de norteamericano reciente, su machismo brutal. Aceptó todo eso, pero nunca olvidó por completo las formas y los valores en los que había sido educada. Ella supo que atrás dejaba un mundo, que seguía existiendo con sus normas y placeres, y, a veces, cuando los excesos de Stanley llegaban a un punto inaguantable, tal vez los recordaba con cierta nostalgia interior.

Cuando apareció Blanche, ese mundo reapareció de golpe. Blanche le hizo recordar su pasado, y en ese recuerdo se encontró siempre tensa. Ya estaba acostumbrada al que había aceptado, incluyendo en él a Stanley, y los discursos de su hermana le incomodaron terriblemente. Sin embargo, el amor que por Blanche sentía, unido a una profunda compasión al verla tan frágil e inestable, tan desgraciada y solitaria, frenaron sus impulsos.

Stanley por un lado, y Blanche, por otro, la sumieron en un profundo estado de ansiedad. Se vio incapaz de gobernarlos, no supo evitar el choque de trenes. Ella se sintió en medio, incapaz de reconducir una situación que se deterioraba día a día y que le afectaba directamente a ella y erosionaba su matrimonio, en el momento especialmente delicado en el que iba a tener un hijo.

Cuando Blanche se marchó al sanatorio, Stella se llenó para siempre de remordimientos. Tal vez debería haber evitado con más fuerza las tropelías de Stanley. Tal vez debería haber renunciado a ser el personaje secundario de una tragedia que podría haberse evitado si ella hubiera tenido un poco más de coraje y personalidad. Sea como fuere, la marcha definitiva de Blanche le hizo reflexionar seriamente sobre algo que hasta ahora era una intuición o un malestar interior en forma de pregunta: ¿tenía sentido vivir bajo el mismo techo con un hombre tan diferente a ella, capaz de todo por salir adelante, sin su cultura ni su refinamiento?

Las actrices que interpreten a Stella tienen que superar este reto: deben convertirla en la protagonista en la sombra. Deben competir en visibilidad con Blanche. Deben hacer visibles y audibles precisamente sus dudas interiores, su falta de firmeza, su fragilidad. Es decir, deben convertir en visible lo más invisible de ella, deben convertir en fuerza escénica precisamente su invisibilidad.

STANLEY (29 años).

Nació en los Estados Unidos, pero sus padres y hermanos eran emigrantes polacos. El nunca estuvo en el país de sus orígenes, pero jamás se le pasó por la cabeza ni abrir un libro de Geografía para buscarlo en un mapa de Europa, y mucho menos viajar hasta allí para conocerlo. No le interesa mirar hacia atrás, sino adelante. Y ese adelante es convertirse en un norteamericano patriota, de los que sienten un cosquilleo interior cuando se iza la bandera y se canta el himno al comienzo de los partidos de baseball. Ese norteamericano que participa del “sueño americano”, que cree en él, porque él mismo es un ejemplo viviente de que “en este país, el que lucha con fuerza consigue siempre lo que pretende…”.

El lo ha conocido de manera directa: el mundo es un “sálvese el que pueda”, y él está decidido a salvarse. No importan demasiado los medios.

Tenaz, obsesivo, listo, sin escrúpulos. Duro entre los duros, su capacidad de amedrentar a los demás es una de sus armas más poderosas. Como casi todos los duros, tiene partes blandas. En el fondo, teme profundamente perder lo que ya tiene y está muy atento a las personas y circunstancias que pueden quitárselo. Y ha conseguido cosas de las que se siente orgulloso: cuatro paredes, un trabajo estable, unos papeles que acreditan su ciudadanía, y el calor y la comprensión de una mujer sumisa, que lo desea y lo necesita, con la que va a tener un hijo que perpetuará su linaje, plenamente norteamericano de segunda generación. Cuando la abraza intensamente no sólo le impulsa el deseo sexual, un lenguaje que verdaderamente les une, sino también la necesidad de asirse a una tabla de salvación en mitad del océano de sus pesadillas y temores.

Blanche aparece y su presencia altera por completo sus esquemas y aviva sus miedos. Ante ella se siente humillado. Su origen polaco le avergüenza, y ella se lo recuerda casi siempre con sus comentarios burlones, con sus risitas, con sus menosprecios, con sus insultos directos. También le evidencia sus toscos modales, y todo lo que le separa de su hermana Stella. Por todo ello, la odia. Y ese odio feroz le hace odiar también su aspecto ridículo, sus trajes, su perfume, su estúpida tendencia a la poesía. Son cosas que pertenecen a mundos diferentes al suyo y que él rechaza porque no las entiende.

Y, antes de que el peligro crezca, espoleado también por su orgullo herido, decide actuar sin piedad.

Los actores que lo interpreten tienen que trabajar más a partir de sus “partes blandas” que de su exceso de vitalidad. Tienen que hacer creíble para él (y para los espectadores) ese “océano de sus pesadillas y temores” que dan origen a la mayoría de sus acciones.

MITCH (39 años)

Un hombre sencillo, que ha vivido siempre en el hogar de sus padres. Desde hace doce años vive con su madre, que está seriamente enferma. Tiene con ella una dependencia emocional muy fuerte y ha terminado siendo un modelo de virtudes y de honradez  al que debe parecerse inexorablemente la mujer elegida para casarse con él.

Blanche parece una buena candidata y, una vez obtenida la aprobación materna, decide ir a por ella con todas sus armas. La ve diferente a las demás, -educada, soñadora, recatada, inteligente, tal vez demasiado estrambótica-, pero no cree que estas diferencias sean un impedimento, sino fascinantes atractivos. Se ilusiona mucho con la idea de casarse con ella.

La desilusión cuando se entera de su pasado de labios de su propio cuñado es enorme y proporcional a la ilusión que se había creado. Cuando Stanley le cuenta aspectos de su vida anterior, se siente mentido y traicionado. Como su capacidad de análisis intelectual es bastante limitada, reacciona como un bestia, dañando todavía más la autoestima de Blanche y haciendo imposible una posible solución.

Es el típico hombre atrapado por sus prejuicios, limitado por su propia cerrazón. Con un buen corazón, pero con una ideología conservadora que paraliza su innata capacidad para comprender, tolerar y perdonar, y le hace analizar con una severidad absoluta las conductas ajenas. Su reacción final hacia Blanche es machista y primaria: como se siente traicionado, reivindica su derecho retrasado al sexo por parte de una mujer que, en su opinión, carece de dignidad para negársela y para casarse con él.

El actor que interprete a Stanley tiene un reto similar a las actrices que interpreten a Stella: dar fuerza y brillo escénico a un personaje secundario, sumido en sus contradicciones, apocado, sin personalidad; es decir, hacerlo protagonista de su propia tragedia y presentarlo como tal ante el espectador.

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3 comentarios en “Análisis de los principales personajes de “Un tranvía llamado deseo””

  1. akuara teatro Says:

    felicitaaciones, muy buen articulo.
    Si vienen por Miami, los invitamos a nuestra proxima puesta en escena: EL Banquete Infinito, autor Alberto Pedro Torriente.

    http://akuarateatro.blogspot.com/2011/04/el-banquete-infinito-de-alberto-pedro.html

  2. Ana Says:

    Blanche es más joven que stella…


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