El coraje de un actor. En la muerte de Alfonso del Real

 

Con Alfonso del Real en la presentación de "La metamorfosis"

 (Publicado en “Heraldo de Aragón”, el 17 de Enero de 2002)

Acabo de enterarme hace unos minutos de la muerte de Alfonso del Real y de pronto me ha venido a la cabeza todo un cúmulo de recuerdos simpáticos, entrañables y caóticos, que se generaron como presente cuando tuve la oportunidad de dirigirle en aquella versión de La Metamorfosis, de Kafka, que Benito de Ramón escribió para el Nuevo Teatro de Aragón allá por 1993.

Antes de conocerle en una cafetería de La Gran Vía de Madrid, sabía que iba a encontrarme con uno de esos actores que, como María Isbert, que también participó en aquel montaje, forman parte de nuestras propias vidas, y que transportan dentro de sí, consciente o inconscientemente, ese magma del histórico veneno del teatro, de la desnudez  y la inmensa dignidad del escenario de toda la vida, que enlaza por tanto de forma casi inevitable, con los cómicos itinerantes de nuestro siglo de oro. Y lo digo, por supuesto, sin el menor asomo de burla o de ironía. Durante los ensayos, una mañana le dije: ¡Cuánto te pareces a Alfonso del Real!.

Aquellos días en Zaragoza, alejado de su ciudad, de sus problemas familiares y económicos, y centrado en exclusiva en la compleja tarea de crear el personaje del padre de Gregorio Samsa, sé que fueron para él sencillamente magníficos. Primero, porque nuestra ciudad era una de las más queridas para este cómico itinerante. Pasear por las calles era estar parado todo el tiempo, saludando sin cesar a propios y extraños. Segundo, porque nosotros habíamos depositado en él una confianza artística a la que últimamente no estaba ya demasiado acostumbrado. Y doy fe que dio respuesta al envite con un tesón, un coraje personal (él me pedía que le exigiera, que no me contentara nunca…) y una intuición escénica que superaba con creces mis mejores expectativas.

Y es que era un gran actor, además de una persona entrañable. Así me lo pareció cuando José Luis Alonso lo dirigió en aquel “5 Lorcas 5”, que vino a rescatarlo de un cierto declive profesional. Otra cosa es que la trayectoria artística de muchos actores en nuestro país esté demasiadas veces marcada por una irregularidad que nace del fondo mismo de otra realidad cultural y sociológica más amplia, que abarca, por desgracia, no sólo al cine o al teatro.

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