Festival Exodos: El quinto paso para la consolidación de un imprescindible encuentro teatral en Eslovenia

ljubljana

Publicado en “Primer Acto”, Nº

 

Lijublijana tiene una cita con el teatro durante los primeros días del mes de Junio. Diversos espacios de esa magnífica ciudad de apenas trescientos mil habitantes, situada a lo largo del río Ljubljanica y al pié de su emblemático castillo, acogen a compañías de algunos paises europeos, latinoamericanos y asiáticos, y, especialmente, a las más destacadas de su panorama nacional, en el contexto del Festival Exodos que llega este año a su quinta edición.

Estamos, por tanto, ante un acontecimiento plenamente consolidado y que pone el colofón de una temporada habitualmente salpicada de estrenos y acontecimientos escénicos. El festival no es un hecho aislado. Por el contrario, en esa ciudad y en ese país, separado de la federación yogoeslava desde 1991 tras la celebración de unas elecciones en las que su población votó mayoritariamente a favor de la independencia, existe una arraigada vida cultural en general y teatral en particular.

Un hombre de teatro joven y con las ideas muy claras, Tomás Toporisic, y un equipo de trabajo dinámico y bien ensamblado, asumen la responsabilidad de la organización del evento. Durante el tiempo que estuvimos en la ciudad tuvimos la agradable impresión de que la normalidad y el buen hacer era lo que presidía el devenir de los encuentros, actividades y presentaciones de espectáculos, algunos de una complejidad técnica nada desdeñable. En alguna de esas actividades el Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM) iba a tener una destacadísima aportación.

Toporisic nos contó su voluntad de que el Festival sirviera como ámbito adecuado para captar un público joven y renovado. Para conseguirlo, la programación elegida estaba inspirada en unos parámetros inequívocamente contemporáneos, tanto en lo que se refiere a las nuevas dramaturgias como a los nuevos lenguajes escénicos, con especial atención hacia aquellas propuestas que suponen, a su vez, simbiosis y lugares de encuentro entre todos ellos. Un nutrido paquete de espectáculos eslovenos y otros venidos desde Bulgaria, Japón, Venezuela e Inglaterra, constituían la  interesante oferta de esta ocasión.

 

La programación.

Y en efecto, esa voluntad de renovación y contemporaneidad la pudimos constatar al menos en los cuatro espectáculos que tuvimos oportunidad de ver durante nuestra estancia. Especialmente los tres trabajos firmados por directores eslovenos nos parecieron extremadamente rigurosos y coherentes, utilizando de manera admirablemente creativa los medios de los que se disponía.

El primer caso fue el de Sen Kresne Noci (Sueño de una noche de verano), por la compañía Slovensko Mladinsko Gledalisce y la dirección de Vito Taufer, y que nos pareció todo un magnífico ejercicio de estilo. Excelente la puesta en escena a partir de una adaptación novedosa del texto shakesperiano firmada por Andrej Rozman, en esa línea centrouropea, imaginativa y, a la vez, posibilista, que presupone una utilización de elementos sonoros y lumínicos extraordinariamente bien planificada y muy efectiva. En este sentido, el montaje es (y debería ser) toda una lección de humildad para algunos colectivos de nuestro entorno, institucionales especialmente, que basan sus resultados en la sobreabundancia de medios técnicos y que encubren de ese modo una alarmante falta de ideas. Aquí, con pocos elementos técnicos, se consigue un resultado pletórico de creatividad y de eficacia.

Gran parte de culpa recae en los actores, que son sencillamente excelentes. Sobrios, cuando así se les requiere, y felizmente comunicativos en los momentos en los que el texto se escora hacia la farsa. Slovensko Mladinsko Gledalisce es un equipo estable, ubicado en una sala de la periferia de la ciudad, que desde hace unos años, mantiene una gran coherencia en su planificación organizativa y en la elección de su repertorio, compuesto por títulos de autores contemporáneos (recientemente Roberto Zucco, de Koltès, por ejemplo) o clásicos (Tartufo, de Molière, varios de Shakespeare, etc). Junto a este trabajo se disponían a presentar en el marco de esta edición un prometedor Kdo se boji Tennesse Williamsa? (¿Quién teme a Tennesse Williams?) firmado por  Matjaz Pograjc, otro de los directores de la casa.

El segundo espectáculo que vimos fue Eksplozija Spomina 3 (La Explosión de la Memoria 3). Se trataba de un collage de textos de Heiner Müller reescritos por Zanina Mirecevska, dirigidos por Eduard Miler para la compañía Presernovo Gledalisce de la localidad de Kranj, próxima a la capital. Al igual que la anterior, esta compañía trabaja de manera estable en una sala de esa población pero para la preparación de este trabajo ha utilizado las instalaciones de un complejo deportivo cercano.

La puesta en escena es sencillamente sobrecogedora. Los espectadores rodean una piscina vacía y el juego actoral, coreográfico, inquietante, admirable, se produce en el interior. El conjunto está ensamblado dramatúrgicamente de una forma irreprochable y combinado con unas proyecciones a partir de determinadas imágenes de la película Los pájaros de Alfred Hitchkock. Lo mejor y más fecundo de la desoladora reflexión de Müller estaba ahí, vehiculada por unos actores y una puesta en escena que colocan en un nivel elevadísimo el teatro de su propio país.

Sirva también en este sentido como buen augurio de continuidad en ese alto nivel el trabajo que los alumnos del último curso de la escuela de Arte Dramático dirigidos por Diego de Brea. Presentaban Oblocnica ki se rojeva (El nacimiento de la luz), en una sala del Museo de Arte Moderno en donde las fotografías de Jeanloup Sieff servían como inesperado pero excelente marco escénico. El espectáculo era riguroso, a caballo entre una geométrica coreografía y el recitativo teatral, en el ámbito de una estética de desoladora postmodernidad.

Junto a estos trabajos eslovenos tuvimos oportunidad de ver el de los venezolanos Neodanza titulado Carne en doce escenarios, muy en la línea de las últimas tendencias de la danza-teatro contemporáneos, sin duda con imágenes de gran fuerza expresiva y, algunas, extremadamente provocativas, pero poniendo también de manifiesto ese cierto agotamiento de lenguaje, que percibimos al menos desde nuestra perspectiva europea.

 

Actividades complementarias.

Junto a los abundantes espectáculos el público y los profesionales tenían citas diarias en donde confrontar sus opiniones sobre diferentes aspectos.

Entre ellas podríamos destacar los debates entre directores de escena de los propios espectáculos del festival o las que intervino el IITM como coorganizador de las mismas. Esta institución hizo su presentación ante los medios de comunicación en un acto celebrado en el Museo de la Ciudad. Allí también se presentaron diversas revistas europeas, pertenecientes a la red de publicaciones del Instituto, entre las que se encontraban Primer Acto y la Revista Galega de Teatro, a través de sus directores o de algunos representantes.

Igualmente los miembros del IITM participaron en un debate moderado por el director del Festival, Tomás Toporisic, con el título de Teatro Mediterráneo, ¿utopía o realidad? en donde se cuestionaron los puntos de contacto y las diferencias políticas, culturales y estéticas del teatro mediterráneo y la ubicación del teatro esloveno en ese contexto.

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