Ha muerto el actor Juan Heli

Hace unas semanas murió en Zaragoza Juan Heli, antiguo alumno de esta Escuela y actor del Nuevo Teatro de Aragón. La noticia, desgraciadamente esperada desde hacía algún tiempo, no ha dejado de conmocionarnos extraordinariamente a los que durante los últimos años fuimos sus compañeros de trabajo y sus amigos.

Perteneció a la promoción de alumnos que comenzó las clases en 1989 y acabó en Junio de 1993, de la que fue tutor Mariano Cariñena. Durante ese tiempo trabajó con la totalidad del profesorado y la característica que todos valoramos en él fue su absoluta entrega en las clases y su espíritu de colaboración con sus compañeros y profesores.

Conmigo estuvo en el primer trimestre del curso 1992-93 realizando el papel protagonista de Roberto Zucco, de Bernard Marie Koltès. Se volcó de una manera extraordinaria en un personaje muy complejo del que comprendió muy pronto sus entresijos y características. Lo acercó a él como persona de una manera muy sutil y tanto yo como sus compañeros quedamos absolutamente satisfechos y, porqué no decirlo, sorprendidos de un resultado excelente y que, a priori, nos parecía muy difícil de conseguir para cualquier actor. Juanito fue al alma mater de un proyecto que se presentó en la Escuela en Febrero del 93.

Cuando acabó sus estudios le ofrecimos entrar en el NTA. Estaba ya enfermo, pero su coraje, su energía y su pasión por el teatro aumentaban en proporción inversa a su precariedad física, que cada vez se hacía más manifiesta. Incluso en los momentos peores él reivindicó siempre en el interior de la compañía que no se le tratara con ningún tipo de privilegios. Sus compañeros emocionadamente lo recuerdan como una persona alegre y extremadamente generosa. Con su personaje kafkiano en La Metamorfosis y su enfermedad a cuestas recorrió toda España durante tres largos años. No creo andar muy descaminado si digo que fueron los más felices de su vida.

No tengo más palabras. Una noche a la salida del teatro me confió un amargo secreto del que fui portador durante bastante tiempo. Supe también de sus esperanzas, de sus alegrías, de sus depresiones cuando su enfermedad iba peor o cuando las noticias sobre posibles esperanzas de curación entraban en la oscuridad de los túneles. Era un tipo magnífico, una persona discreta y laboriosa, que me ayudó inestimablemente en muchos instantes y al que estaré siempre personalmente agradecido. Amó con todas sus fuerzas el oficio que nosotros también amamos. Por todo ello, los que le quisimos, jamás podremos olvidarle.

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