Madame de Sade, de Yukio Mishima

 

Yukio Mishima

Yukio Mishima

 

Los Talleres de Tercer Curso.

En mi caso, las razones para elegir o desechar un determinado texto que sirva de soporte para el desarrollo de un taller de interpretación de tercer curso vienen siempre determinadas por dos condicionantes. En primer lugar, que sirva de instrumento útil al servicio de un objetivo de aprendizaje actoral. O dicho de otra manera: que no haya dudas de que pueda suponer una dificultad para los alumnos y alumnas, y, en ese sentido, un escollo que deben superar y con el que deben seguir su proceso formativo. Aunque pueda parecer paradójico, creo que casi todos reúnen esa característica. Es decir, que hasta el más deleznable encierra una dificultad, es susceptible de ser leído escénicamente de otra manera a como lo pensó su mediocre autor, etc. Y que construir un personaje siempre encierra un cierto nivel de complicación, aunque se trate del Capitán Trueno, Luis Roldán o Pinocho… Pero también es verdad que otros textos, pensados ya desde una perspectiva de renovación, de ruptura con ciertos moldes, o sencillamente perfectos desde los parámetros formales en los que se instalan, aseguran más claramente ese nivel de dificultad al que me estoy refiriendo.

En segundo lugar no es posible olvidar el carácter semipúblico que va a tener la experiencia puesto que va a ser mostrada en un aula o en un teatro ante espectadores ajenos al desarrollo del proceso de trabajo, y que en ese sentido es también inevitable plantearse la necesidad de que el resultado sea el mejor posible, y que la Escuela Municipal de Teatro, el curso en cuestión, e incluso el director, den una imagen razonable.

Dicho esto conviene deshacer un posible equívoco. No creo que la experiencia pedagógica esté exclusivamente centrada en el proceso de trabajo y el resultado sea mera cuestión de imagen. Defiendo con firmeza también el lado pedagógico que debe tener una buena “defensa” actoral de la puesta en escena, y en ese sentido me gustaría que se desterrase para siempre la idea de “función final de curso”, etc. Los alumnos/as deberían asumir el estreno y las siguientes representaciones, con un ojo vigilante en su propia experiencia, tratando de controlar su vivencia escénica y sacando conclusiones operativas sobre todo ello. Es más, esta peculiar situación de situarse frente a un público, es una ocasión privilegiada e irrepetible para hacerlo.

Por eso aunque recibirlos sea muy hermoso y uno de los aspectos más estimulantes, los ramos de flores, las felicitaciones y los besos, deben ser siempre aspectos secundarios en el balance irrenunciable que cada cual debe hacer.

 

Madame de Sade.

Con todo eso en la cabeza me planteo empezar un taller. ¿Cómo elijo el texto?

Creo que todos los directores tenemos en la recámara unos cuantos que, por las razones más variopintas y subjetivas, se destacan especialmente de entre los demás. Confieso que algunos los he montado durante los últimos años en los talleres de tercero, precisamente por el espacio de libertad creativa que suponen siempre para el responsable artístico en relación a los condicionantes que imperan en las células de producción profesionales. Woyzeck, de Büchner, El Impromptus de Versalles, de Molière, Don Juan, que como personaje teatral siempre me fascinó, y con el que trabajamos Benito de Ramón y yo hace ahora unos años, Madame de Sade, de Yukio Mishima, Gestos para nada, de Pepe Sanchis son algunos ejemplos. Espero tener una oportunidad de trabajar en el futuro con Romeo y Julieta, de Shakespeare, El misántropo, de Moliére, Seis personajes en busca de autor, de Pirandello, Leoncio y Lena, de Büchner, etc.

En esta ocasión concreta, la necesidad de que la reserva masculina, casi en extinción en las escuelas de teatro de todo el mundo y , por tanto también en la nuestra, participase en el taller de mi compañero y tutor de Tercer Curso Mariano Anós, me “obligó” a satisfacer un gran deseo: meterle el diente a la que considero una de las obras más hermosas de toda la dramaturgia contemporánea.

De entre todos sus aspectos yo destacaría uno que la hace especialmente adecuada para ser trabajada en una escuela: cada personaje parece abocado por Yukio Mishima a la desmesura, a llegar hasta el límite personal y social para conseguir sus objetivos, para lograr que su estrategia triunfe sobre las de los demás. Por otro lado, todo esto se lleva a cabo en el interior de un espacio físico y dramático en donde todo esta presidido por un demoledor equilibrio, y hasta por una cierta frialdad, muy propios del teatro oriental. De esta lucha entre desbordamiento y contención, que me recuerda lejanamente el universo dramático de la comedia dell’arte, nace, en mi opinión, Madame de Sade. Cada personaje encierra, a su vez, un doble reto para su actriz: ser construido como un ser humano, con memoria, emociones, sentimientos e intereses, etc, y a la vez sobrellevar el peso inevitable de su condición simbólica, de parte de un puzzle dramático en donde se nos narra la historia de la renunciación de Reneé de Sade a reencontrarse con su marido, el Marqués del que peor se ha hablado en la historia de Occidente, tras más de tres lustros de angustiosa separación.

Nosotros no hemos empleado tanto tiempo. Pero los tres meses de trabajo han tenido una gran intensidad, con el matiz particular de que las nueve actrices y el director sólo se conocían de verse por los pasillos de la Escuela.

Ahora que las conozco, no sólo me parecen unas excelentes personas sino unas prometedoras profesionales. Por tanto si el balance final es satisfactorio el mérito será sobre todo de ellas y de los profesoras y profesores que han tenido durante estos tres años.

Sólo tengo algunas dudas y pienso que bastante fundadas a la vista de los últimos acontecimientos: ¿Se enterará nuestro Excmo. Ayuntamiento de que una nueva promoción de actores y actrices está a punto de salir de su propia Escuela? ¿Tratará de ampliar para ellos el marco de posibilidades de trabajo? ¿Tendrá reservado para la institución un futuro más alentador que el de la pura hibernación, que el de la mera y simple subsistencia, que el de la indiferencia y el desprecio?

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