Mess Sarajevo 98: la continuidad de un espíritu

 

El horror

El horror

 

Publicado en “Primer Acto”, Nº 276 (Noviembre-Diciembre 1998)

 

¿Existe Sarajevo? (Notas de viaje)

1. El avión que partió de Munich hace apenas una hora y media está a punto de aterrizar en Sarajevo. ¿Aterrizar? ¿Existe algún aeropuerto en un lugar totalmente montañoso en donde no se percibe desde el aire la más mínima llanura?

Efectivamente había aeropuerto en Sarajevo. Y también había, y hay, barrios destrozados, visibles perfectamente desde el aire, escombros que demuestran que allí, hace ahora unos cuatro años, hubo edificios habitados por personas que un día cambiaron su vida por completo y se dedicaron a sobrevivir entre las balas que los francotiradores les disparaban dede el interior de la ciudad y las toneladas de obuses, bombas y metralla que el ejército serbio les lanzaba precisamente desde los montes que la circundan, y que yo contemplaba hace unos instantes desde las alturas.

Allí, en el avión, terminé de leer un artículo conmovedor escrito por Mimma Gallina y publicado en el mes de Enero de este año por esta misma revista (Primer Acto, nº 272), y que sigue siendo enormemente útil para comprender algunas claves de lo que ocurrió y, de alguna manera, sigue ocurriendo. Ese artículo me ha refrescado la memoria, no sólo sobre los acontecimientos bélicos que todos deberíamos seguir recordando -entre otras razones porque no cabe la menor duda que la intervención de las fuerzas militares internacionales, que supuestamente nos representaban, se realizó demasiado tarde-, sino sobre el teatro durante el asedio, la significación que tuvo la práctica escénica en esos momentos, el papel de aglutinante social y cultural que cumplió. Por tanto el interrogante mayor que se me planteaba interiormente en el momento de tomar tierra era hasta qué punto la ciudad estaría reconstruida casi un año después de su redacción, y qué grado de reorganización social iba a encontrarme en este principio del otoño. El Festival Mess Sarajevo 98 iba a ser, en este sentido, un test que también iba a desvelarme el grado de recuperación de la normalidad de la vida teatral en la capital de Bosnia Herzegovina.

 

2. La ciudad, las personas, la memoria.-

En cuanto a lo primero, Sarajevo va levantándose sobre su propio dolor. La guerra sigue visiblemente presente, y no hay rincón y edificio que exista a espaldas de esa realidad. En algunos casos, como el del inmenso edificio que servía de Parlamento, y que fue uno de los primeros en arder por completo, se mantiene erguido y calcinado como el primer día. Es todo un signo que se distingue desde todos los puntos de la ciudad y que el viajero reconoce nada más llegar. Unas flores siempre conmemoran también el lugar en donde murió una manifestante bosnia, a la que se considera como la primera víctima del asedio. Los tranvías, en los que la norma es colarse, transitan frecuentemente abarrotados con cierta pereza uniendo el centro con la periferia, y las palomas y los habitantes comparten el casco antiguo, lleno de pequeños cafés, restaurantes y tiendas. Por todas partes se observa un proceso de acelerada reconstrucción: los puentes sobre el río Miljacka tienen ya un magnífico aspecto y facilitan la comunicación entre las dos riberas en que la ciudad se divide.  El emblemático edificio de la Biblioteca está en proceso acelerado de recuperación, y parece ser que finalmente va a ser destinado para otros usos diferentes para los que fue previsto. Por debajo de todo este esfuerzo se adivina un propósito de toda una ciudad, de todo un pueblo, de no sucumbir ante la adversidad, con un entusiasmo y una energía de la que el teatro y en concreto el festival iban a demostrarme que son muestras privilegiadas.

 

3. El Festival.

Mess Sarajevo 98 se ha desarrollado desde el 14 hasta el 25 de Octubre. Personalmente estuve en los tres últimos días y desde el primer momento quedé sorprendido por tres razones importantes. En primer lugar porque todos los espectáculos a los que pude asistir en esta edición -la segunda tras cinco años de paréntesis-, estaban abarrotados de público y esa había sido, según supe posteriormente, la tónica durante los ocho días anteriores. El Teatro Nacional (Norodno Pozoriste), el Teatro de los Jóvenes (Pozoriste Mladh) y el ya mítico Kamerni Teatar 55, han conseguido reunir a un público masivo y heterogéneo, compuesto en buena parte por personas que se acercaron a las manifestaciones teatrales del asedio y siguen siendo fieles. Pero, junto a este segmento, otro preferente y mayoritariamente joven. Es decir, un nuevo público, entusiasta y escorado hacia propuestas novedosas y de claro acento contemporáneo.

En segundo lugar porque los criterios de programación, que la organización expone en un excelente y cuidado catálogo, parecen extraordinariamente rigurosos y coherentes. En esta edición se han podido ver dieciocho trabajos en la sección oficial, llegados desde Macedonia, Croacia, Italia, Alemania, Francia, Hungría, Slovenia, Polonia, Kosovo, Bélgica, Georgia, y, naturalmente, Bosnia Hercegovina, y siete en la que se conoce como “off”, sección de la que también son responsables los mismos organizadores y que presenta trabajos menos conocidos y tal vez más arriesgados, puestos en escena por compañías con inequívoca voluntad de investigación.

En tercer lugar porque la organización misma ha sido ejemplar. Los que tenemos la oportunidad de asistir a festivales y muestras internacionales con cierta asiduidad distinguimos muy claramente cuando las cosas salen bien por casualidad (sin menospreciar esa dosis imprescindible de suerte y de capacidad de improvisar soluciones a problemas imprevistos que toda actividad de este tipo necesita sin duda) y cuando el éxito de una organización obedece a unos criterios claros, a un orden y a una estructura de trabajo que funciona de manera engrasada y eficaz. Los actuales organizadores, al frente de los cuales se encuentra el joven director de escena Dino Mustafic -un hombre imprescindible para comprender los nuevos rumbos de la escena en Bosnia-, han realizado un esfuerzo gigantesco y de alguna manera se han convertido en dignos y magníficos herederos de aquellos que llevaron al Festival a la treinta y dos edición, antes de que éste se interrumpiera bruscamente. Me parece muy sintomático que uno de los responsables, durante la cena con que nos obsequió la dirección después de la última sesión, y en donde todos los invitados y participantes desbordábamos de alegría y de agradecimiento por tanta atención y tanta carga emocional compartida, estuviera reflexionando casi en voz alta, ajeno a cualquier tipo de trinfalismo autocomplaciente, sobre los pequeños errores que había que corregir para futuras ediciones.

 

4. Los espectáculos.-

Tal vez la programación de esta edición no contaba a priori con el mismo peso que la de la anterior en la que participaron compañías con gran peso internacional, y, en algún caso, con una trayectoria y una significación míticas, tales como el Piccolo Teatro de Milano, el Living Theatre, Le Theatre de La Tempete, el Teatre Lliure, o el Bread and Puppet. Sin embargo la calidad media de lo visto no defraudó en absoluto, aunque, a juzgar por un representante de la crítica teatral escrita, que tomó la palabra durante el acto de clausura, algunos espectáculos no habían reunido el interés y la consistencia suficientes. El comentario, a pesar de que levantó airadas y ruidosas protestas entre aquellos que creían que aquel no era el ámbito adecuado para decirlas, era compartido por bastantes personas. Incluso, en el fondo, reflejan y coinciden con un deseo que los propios organizadores comparten: Mess Sarajevo tiene vocación de volver a ser un festival referencial, exponente de los resultados más clarificadores de las múltiples posibilidades dramatúrgicas y formales del teatro de nuestro tiempo, vocación similar a la de otras citas anuales del prestigio de Avignon o Edimburgo.

El gran trinfador de esta edición fue Josef Nadje, mimo, coreógrafo y sabe dios cuántas cosas más, serbio de origen húngaro pero afincado en Francia, que ya presentara una peculiar versión de Woyzeck el pasado año. En el actual, con el Centre Choreographique National d”Orleans, compañía de excelentes actores-mimos-bailarines, obtuvo un resonante triunfo. Tanto el jurado, formado por profesionales del espectáculo, como el público, que votaba también según sus preferencias, le concedieron los máximos galardones, tanto a él por su trabajo de actor y director, como a Vjetar u torbi, un espectáculo de una gran precisión técnica, fronterizo entre la danza y la pantomima y rebosante de un peculiar y lúcido sentido del humor. En el campo de la Danza Contemporánea el Premio le fue concedido a Anne Teresa Keersmaeker por su coreografía Bubnjanje en donde siguen vigentes las obsesiones geométricas de la artista belga que sorprendiera al mundo hace quince años en el Festival de Avignon. Otros trabajos destacados fueron los presentados por la compañía italiana Quelli di Grock (Haos), por los alemanes del Theater an der Ruhr, dirigidos por el extraodinario Roberto Ciulli (El jardín de los cerezos), o por los actores del Theater Pralipa, dirigidos por el macedonio Rahim Burhan, que presentaron una interesante versión de Yerma, de Federico García Lorca, espectáculo con el que la dirección del festival se sumaba a los actos del centenario del poeta y dramaturgo granadino.

En una sesión de clausura muy efectista celebrada en el Teatro Nacional, en la que se proyectaron en una gigantesca pantalla fragmentos de todos los espectáculos presentados, hubo un lugar para el agradecimiento público y el homenaje. Los participantes kosovares recibieron un cálido aplauso precisamente en unos días en que la situación de millares de compatriotas era insostenible y en los que la ONU vacilaba (¡cómo no!) sobre su posible intervención en la zona. Se premió también la labor de dos actores veteranos, curtidos en el teatro y el cine bosnios: Inés Pancovic y Uros Kravljaca. Pero el momento más emocionante de la noche estuvo en el momento en que Nermin Tubic, otro actor que se distinguió por su presencia en multitud de eventos teatrales desarrollados durante el asedio, y participante en la anterior edición, salió a recoger el suyo. La guerra, como a tantos otros, le había arrancado las piernas pero no la memoria. Con ojos húmedos y la mirada perdida en el vacío, agradeció emocionadamente el galardón y quiso dedicárselo, en medio de un impresionante silencio, a su padre, un viejo comunista, y a la persona que, desde hace algún tiempo, lo conduce por la vida en una silla de ruedas.

El Instituto Internacional del Teatro del Mediterráneo (IITM) estuvo presente en Mess 98. Tuve la oportunidad de exponer ante ante una nutrida representación de los medios de comunicación sus fines y objetivos. Igualmente, el IITM propició una conferencia sobre el teatro de Federico García Lorca en la Academia de Arte Dramático, dedicada a los alumnos del escritor y profesor Marko Kovacevic, Jefe de su Departamento de Dramaturgia. Kovacevic se encargó de presentarla y de moderar posteriormente un animado debate.

En el aeropuerto, poco antes de salir de la ciudad

En el aeropuerto, poco antes de salir de la ciudad

5. Los últimos momentos.-

El camino de vuelta hasta el aeropuerto lo realizo en silencio a diferencia del de ida en el que Dino me contaba datos sobre la ciudad y sus últimas noticias. Ahora mi acompañante, uno de los chóferes que la organización ha contratado para atendernos, respeta la imperiosa necesidad del que se marcha y quiere conservar esas imágenes que antes de llegar ya tenía en la retina. Lo he comprobado: Sarajevo es una ciudad que conocen cuantos se han sentido alguna vez cerca de ella.

Veo llover a través de los cristales. Me despido de la fachada del Teatro Nacional que se dispone a seguir su temporada: un inmenso cartel anuncia el estreno de Roberto Zucco, de Koltès. Y recuerdo palabras, conversaciones, sentimientos… Mi intérprete, Elizana Kavazovic, una chica inteligente, vital y magnífica que trabaja en la Embajada de España, me ha contado estos días algunos aspectos de la dureza de la vida en invierno. Me refirió también que durante la mayor parte del asedio ella y su madre vivieron en Barcelona y veían las aterradoras imágenes que todos veíamos por la televisión. El día que se firmaron los acuerdos de Dayton su padre sufrió una embolia y quedó paralizado de medio cuerpo. Lo increíble es que ese día en los hospitales de Sarajevo se registraron muchos otros casos similares. No es ninguna casualidad: una situación de tensión colectiva había terminado y el cuerpo de muchos individuos solicitó de forma desesperada una atención que hasta ese momento no había podido tener.

Escucho interiormente las palabras de Dino Mustafic y de Marco Kovacevic. Mientras comíamos cerca de las ruinas de la gran Biblioteca, el primero me dijo que los jóvenes de la ciudad, como él mismo, habían envejecido quince años en apenas tres. El segundo, que la guerra le había enseñado a valorar de otra manera el único cigarro que durante el asedio se podía fumar diariamente, y lo difícil que es correr pisando la masa encefálica de otros seres humanos. Hablaban pausadamente, tal vez un poco aburridos de satisfacer la curiosidad del que inevitablemente les pregunta, una y otra vez, cómo es el horror de cerca, cómo se puede convivir con él.

Y me hablaron de teatro. Fue verdad todo lo que imaginamos. Fueron verdad, -tuvieron existencia real, quiero decir-, esas sesiones extraordinarias, realizadas en el Kamerni Teatar 55, la única sala resguardada de la artillería serbia, a la que todos los actores de la ciudad se trasladaron y en donde Susan Sontang estrenó su versión de Godot. Existió ese teatro mágico hecho a la luz de las velas que inevitablemente iba a revalorizar la figura del actor como principal elemento del espectáculo y que fue para muchos de estos profesionales, de este público, de estos amigos, un enclave de esperanza y de resistencia. El Festival que ahora tienen entre sus manos supone la continuación de ese mismo espíritu.

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