Mi Medea

Medea apareció en mi camino. Era uno de los proyectos más ambiciosos de mi carrera. No llegué a hacerlo. Curiosidades de la vida: Medea, Avignon y Sarajevo se entrecruzaron. Lo intento explicar.

1. Medea. Dos comunidades, una española y otra francesa, se ponen de acuerdo para montar un espectáculo teatral de gran formato que servirá de puente cultural entre ambas, separadas por los Pirineos y por muchas más cosas intangibles. Me proponen su dirección escénica y acepto. Y yo, no sé muy bien porqué, elijo Medea, de Eurípides. Por su dificultad, porque nunca había montado un clásico griego, porque había una actriz francesa (Violette Ocampo) que a priori podía encarnar el difícil personaje, porque especialmente en esto del teatro mi especialidad ha sido siempre meterme en líos.

 

Isabelle Huppert

Isabelle Huppert

2. Avignon. Festival de Teatro. Cour d’Honneur del Palacio de los Papas. Se presenta Médée, de Eurípides, con dirección de un maestro: Jacques Lasalle. La actriz, Isabelle Huppert, musa en el cine de Claude Chabrol, de aspecto frágil y muy francés será la protagonista, una decisión inquietante y aparentemente equivocada para encarnar un personaje que va a matar a sus propios hijos por amor, por despecho, por venganza. Y, además, en La Cour, un espacio increíble en donde han triunfado los mejores actores del mundo y han fracasado estrepitosamente otros.

A los muy pocos minutos de comenzada la representación, con ese mistral tan característico soplando suavemente, en el lugar de los grandes sucesos teatrales de la segunda mitad del siglo XX, entiendo y comparto las razones de esa elección. Los que hemos dado clase de teatro, nos hemos encontrado a menudo con un grave problema: explicar a los jóvenes actores que es necesario actuar ante dos mil personas consiguiendo similares resultados que cuando se actúa ante tres, pero con procedimientos técnicos diametralmente diferentes. Normalmente la distancia y la grandiosidad de un espacio escénico dificulta extraordinariamente la transmisión de emociones, de códigos gestuales pequeños, etc, y el actor se ve obligado a impostar, falsificando esas emociones y esos gestos. Huppert, sin embargo, arranca de sus entrañas una voz prodigiosa, de mujer herida interiormente, que transmite sus tristezas, astucias y contradicciones interiores y las hace perceptibles desde la fila veintitrés. Toda una lección difícil de igualar.

Mientras la veo le doy vueltas a lo que llevo pensando semanas: ¿cómo se puede justificar que una mujer mate a sus propios hijos? ¿Qué poderosas razones interiores pueden llevarle a cometer semejante crimen, el más abyecto y antinatural de todos? Y no encuentro una respuesta convincente. Intuyo que resolver ese problema es lo esencial.

3. Sarajevo, antes de comenzar los ensayos. Meses más tarde, con estas preguntas en mi interior, visito Sarajevo, destrozado por la aviación y los misiles serbios. Mis amigos de allí me llevan a uno de los barrios más castigados y obtengo algunas fotos de edificios calcinados (entre ellas la que aquí aparece), espectros arquitectónicos en donde para mi sorpresa, seguían viviendo familias enteras. Por alguno de los resquicios asoma una luz de gas, incluso una pequeña televisión. “¿Dónde van a ir?”, me pregunta una amiga. “Aquí, por lo menos, siguen teniendo techo”. Esa lógica de postguerra me hace pensar caminando hacia el hotel. La única manera de entender que una madre asesine a sus hijos a finales del siglo XX tiene que venir “justificado” por un conflicto interior provocado por otro exterior de inmensas proporciones, por la alteración de una conducta que pierde el norte y los valores esenciales. Como aquí, en Sarajevo hace unos meses, cuando sonaban estrepitosamente los cañones y un director amigo me cuenta que una de las cosas que aprendió para sobrevivir era andar y correr sin resbalar por encima de los sesos humanos despanzurrados por las calles. Asocio la idea de la guerra, la fuerza destructora de lo material y lo espiritual, y hablo con el escenógrafo a quien le entrego las fotos. El espacio escénico serán ruinas habitadas, ruinas contemporáneas, ruinas de Sarajevo. La fuerza interior de Medea, la guerra. A partir de ahí, todo seguían siendo preguntas que intentaré resolver ya con los actores y con el texto.

4. No llegué a hacer ese espectáculo. Me desligué del proyecto porque la vida me llevó por otros derroteros. Después vi el trabajo de quien me sustituyó, totalmente diferente y con un enfoque distinto. No me gustó nada, no quedaba nada de aquello que nació entre aquellas ruinas y que ni yo mismo supe jamás dónde habría terminado. Así es el teatro.

Y por eso, cuando alguien me habla de Medea, se me queda un regusto de amargura en la garganta.

Explore posts in the same categories: Textos en Roberto Zucco (blog)

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: