¿Teatro alternativo en Aragón?

Publicado en “Primer Acto”, Nº 273 (Marzo-Abril 1998)

 

¿Cómo hay que entender el concepto de “teatro alternativo” en Aragón? ¿Acaso el teatro de la periferia -el de Aragón, por ejemplo-, no es siempre, en cierta medida, alternativo al que se produce en Madrid, pongamos por caso, el epicentro donde se encuentran los teatros oficiales y la industria más asentada?

 Cuando cité a los tres directores de las compañías que más se han distinguido en los últimos años por realizar propuestas novedosas, arriesgadas, diferentes, para reflexionar sobre este asunto, parecieron satisfechos de que su trabajo escénico pudiera ser conceptuado de tal. En el transcurso del debate, sin embargo, de una manera o de otra, los tres se fueron desmarcando del concepto “alternativo”, o lo matizaron cuidadosamente. Tal vez ese sea un síntoma más del sentido difuso del mismo.

 Alfonso Desentre, director del Teatro Imaginario, Luis Merchán, de Ciudad Interior, y Alfonso Pablo, de Nasú, argumentan de manera coherente y distinta su reflexión. Los últimos espectáculos de estas tres compañías, sin haber recibido demasiado dinero público, o incluso no habiendo recibido nada en absoluto, coinciden en haber cosechado no sólo buenas críticas sino en haber sido vistos por un público muy numeroso y de una creciente fidelidad.

 Alfonso Pablo.- En el concepto alternativo habría que ver dos aspectos diferentes: el lenguaje teatral propiamente que quieres abordar, y los modelos de producción que empleas para llevarlo a cabo.

 Luis Merchán.- A veces se nos califica abusivamente de alternativos. Probablemente hacemos teatro desde un punto de vista muy personal, pero desde luego no tenemos la más mínima vocación de ser minoritarios. Por el contrario, aquí en Zaragoza, o incluso en Madrid, la gente viene a vernos cada vez más. Hemos pasado de una media de cincuenta espectadores a triplicarla en unos años. En Madrid, por ejemplo, actuando durante un mes con De noche justo antes de los bosques, de Koltés, comparativamente hemos tenido más espectadores que en las salas nacionales. Por eso, pienso que la etiqueta nos viene dada peyorativamente desde las instituciones que deberían de apoyar, y no lo hacen, este tipo de propuestas. El único fundamento real en la aplicación de esa etiqueta vendría dado porque nuestros espectáculos están planteados desde un nivel de sinceridad mayor que los que podríamos llamar comerciales, y que los espacios de exhibición más habituales son las llamadas “salas alternativas”, que están coordinadas entre sí y que gozan actualmente de una gran vitalidad.

 Alfonso Desentre.- A mí el término no me gusta aunque esté aceptado e incluso reivindicado por algunos colectivos, principlmente en Madrid y Barcelona. El teatro es siempre alternativo, ya sea al cine, o la misma televisión, etc. Desde luego si ese teatro debe aceptar como principios la escasez de medios, por una parte, y ser necesariamente minoritario, por otra, a mí no me interesa estar en él. Creo en un teatro de vocación contemporánea, abierto, con capacidad de innovación, presente ya en los textos, en los puntos de partida y en la visión de los temas.

 Luis Merchán.- Hay que tener en cuenta otro aspecto en lo que estamos debatiendo. No podemos olvidarnos que en otros paises europeos este concepto que apuntas de dramaturgias y autores contemporáneos, no sólo está subvencionado sino que constituyen las propuestas más alabadas. En Francia, en Alemania, etc, los grandes montajes se hacen a partir de textos de Koltés, de Muller, de Bob Wilson, etc. En esos paises la evolución del teatro ha ido aparejada con la evolución del público que consume estas propuestas con total naturalidad. Eso demuestra lo relativo que es el concepto alternativo.

 

 Me gustaría, como segundo punto de paso en nuestro recorrido, que definiérais más en concreto vuestras opciones estéticas particulares y si éstas han ido evolucionando, y de qué forma, a lo largo de estos años.

 Alfonso Desentre.- En el Teatro Imaginario ha cambiado casi todo y al mismo tiempo no ha cambiado nada. Al principio tal vez podríamos clasificar nuestro trabajo como de alternativo en la medida que nos interesaba exclusivamente realizar una tarea de investigación, dejando en segundo todo condicionante de tipo económico o de distribución, y eso ha ido variando. Ahora hacemos el teatro que nos satisface, pero asumiendo que somos una empresa de producción teatral que está asentándose cada vez más en los circuitos habituales. No siento que hayamos hecho concesiones fundamentales, que hayamos renunciado a nada, sino que hemos evolucionado sencillamente hacia un mayor contacto con el público y con el entorno. Ahora nuestro trabajo es más abierto y más maduro.

 Luis Merchán.- Ciudad Interior es un abanico muy amplio de gentes: actores, músicos, pintores, directores, iluminadores, etc. Yo, en ese contexto, me marco metas por tiempos: me marqué hacer tres espectáculos de Heiner Müller, y los hicimos, y empecé con otro tipo de textos que suponen una evolución y una desevolución constantes, en lo que respecta a la definición de las propuestas que, eso sí, cada vez están más elaboradas, más cuidadas, etc. A lo largo de estos diez años se ha ido afinando más y mejor la relación entre todos los componentes del grupo y las propuestas que puedo hacerles, y que, como característica generalizadora, tienen que parto al trabajar de imágenes previas y que integro el texto en un segundo momento, o incluso prescindo de él, como en nuestro último espectáculo Catedral de palillos.

 Alfonso Pablo.- Nuestro caso es algo diferente al partir del trabajo específico de Clown. En Madrid nos definieron como “Clown Teatral” y partiendo de ese concepto, que me parece acertado, nos encontramos ahora mismo, después de sólo dos espectáculos realizados hasta la fecha en estos tres años y pico de trayectoria, a la búsqueda de cómo formalizarlo. Las referencias con respecto a España son mínimas, especialmente en lo que respecta a la formación, en la medida de que lo más popular en este terreno son los Tricicle, pongamos por caso, que no es lo que nosotros queremos hacer. Por eso, estoy totalmente de acuerdo con el panorama que pintaba Luis hace un momento sobre las diferencias con Europa porque en nuestro campo son particularmente abismales. A lo largo de este tiempo yo destacaría la cabezonería y empecinamiento que tuvimos que emplear al principio para sacar la cosa adelante, no sólo en inversión económica, sino también en tiempo, ganas e ilusión. El primer espectáculo ayudó a consolidarnos y la respuesta del público ha ido siempre creciendo a pesar de que en nosotros hay una clara renuncia al “efectismo” facilón.

 

 Hablemos del inevitable tema: la política institucional en Aragón. Desde vuestra perspectiva, ¿las subvenciones, las campañas, etc, han supuesto un apoyo real para vuestro trabajo, os sentís marginados de las grandes decisiones en este sentido, os automargináis de las mismas… ?

 Alfonso Desentre.- En términos generales y en primer lugar, la política teatral es obviamente escasa: hay pocos recursos consignados a hacerla. Segundo: es equivocada, seguramente porque quienes la hacen están poco cualificados. Tercero: es estática, sin una sensibilidad y una permeabilidad de lo que está sucediendo realmente en Aragón. En términos particulares me siento maltratado por esa política aunque esto ya viene de lejos tal vez porque nuestras primeras propuestas eran más radicales. Nos cuesta mucho romper una inercia, convencer de lo que estamos haciendo a pesar de que los últimos montajes, Caricias, de Sergi Belbel, Noches de amor efímero de Paloma Pedrero, Romancero Gitano, etc, han tenido una unánime respuesta del público, han sido vistos en muchos puntos de España y han sido bien valorados por la crítica. Tengo la sensación de que existimos a pesar de los deseos de bastante gente.

 Luis Merchán.- En nuestro caso lo tenemos francamente mal porque el señor que toma de verdad las decisiones teatrales del Gobierno de Aragón tiene una mala opinión de nosotros. Para él somos simplemente unos guarros, que salimos desnudos a escena… En cualquier caso nosotros hacemos lo que hacemos al margen de cualquier política institucional o cualquier opinión de este tipo. Rechazamos de plano las subvenciones y estamos en las Campañas de Distribución de forma testimonial tan sólo. Si algún día llegamos a algún sitio será “a pesar de”… Asumo, por otra parte, que representamos un cierto anacronismo. Y es que sencillamente, como compañía, o hacemos ésto, o no hacemos ninguna otra cosa. Por otra parte, me parece que las instituciones practican una política equivocada en el sentido de que deberían incidir de manera fundamental en que el teatro aragonés, en su conjunto, se viera especialmente fuera de Aragón.

 Alfonso Pablo.- Yo llevo bastantes menos años y quiero reivindicar todavía una cierta “ingenuidad” en estos asuntos. Estoy de acuerdo en que existe una falta de criterios a la hora de apoyar subvencionando. O es un criterio personalista, simplemente. Este año nos han dado una pequeña ayuda que no oculta que nuestras relaciones sean raras…

 

¿Habría una vía de solución en la construcción finalmente de un Centro Dramático de Aragón?

 Luis Merchán.- Creo que no, básicamente porque me parece imposible marcar unas normas mínimamente democráticas que todos aceptásemos. Y creo que las personas que en principio podrían encargarse de dirigirlo no sabrían alejarse de sus intereses particulares que no son otros que los de sus propias compañías. Sin embargo, una opción posible sería que en un momento dado varios grupos se pusieran de acuerdo en acometer algún proyecto concreto y que el Gobierno colaborara especialmente en su distribución nacional e internacional.

 Alfonso Pablo.- Yo sí apoyaría la creación de un Centro Dramático. Me gustaría que desde él se propiciara un contacto mayor de todo el medio teatral y que normalizara la relación con las instituciones. Estoy de acuerdo también con Luis en que una de sus funciones debería ser el facilitar que nuestros trabajos fueran vistos en el resto de España.

 Alfonso Desentre.- Con respecto a esto he variado mucho la opinión que tenía. Ahora pienso que podría ser positivo aunque las dudas proceden, lógicamente de cómo se haría. En mi opinión debería nacer del debate y de un mínimo consenso de la profesión, y, a partir de ahí, debería abarcar al mayor número posible de profesionales en los diferentes campos, con una dinámica muy clara de rotaciones que evitaran esa tendencia al estatismo que he denunciado antes.

Anuncios
Explore posts in the same categories: Artículos en Primer Acto, Teatro en Aragón

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: