14 Edición de la Feria de Teatro de Aragón en Huesca:Un cambio de preposición indispensable.

La Feria de Teatro de Aragón se celebra en Huesca desde su segunda edición. La primera, hace ahora quince años, se desarrolló entre Zaragoza y Tarazona y fue el resultado de la iniciativa de las compañías de la región. Conviene recordarlo, entre otras razones, porque su desarrollo ha ido paralelo a una pérdida paulatina de su identidad inicial, abriéndose a lo largo del tiempo una sima entre los profesionales y la feria. Desde las perspectiva de las compañías, no se entendía como el Gobierno de Aragón y las restantes instituciones que fueron aportando su granito de arena, tanto en el económico como en el organizativo –Ayuntamiento y Diputación Provincial de Huesca, INAEM, IberCaja, SGAE, etc-, se impulsaba un evento cuyo interés y rentabilidad local era más que cuestionable. En ese desencuentro paulatino, un punto de inflexión importante lo supuso precisamente el artículo aparecido en esta misma revista (Primer Acto, nº 266, Noviembre-Diciembre 1996), firmado por quien esto escribe, en donde señalados representantes del teatro aragonés tuvieron la valentía de decir sencillamente lo que pensaban sin temor a unas represalias que efectivamente llegarían después para algunos.

 En mi calidad de director de escena con experiencia suficiente, decidí aceptar la dirección de la Feria de Teatro. En primer lugar porque me parecía una excelente idea que el encargo se hubiera realizado a un profesional, cualquiera que hubiera sido su nombre siguiendo la tónica europea y, en algunos casos, española. En segundo lugar, porque la propuesta de las instituciones era clara: reconducirla a su línea inicial, incorporando a su oferta más espectáculos producidos por compañías aragonesas, manteniendo algunas de las características positivas que a lo largo de los años fue adquiriendo, y tratando de desarrollar más, si cabe, el empaque y la personalidad que la han convertido en una cita obligada en la agenda de muchos programadores nacionales. Recordé aquel artículo, leí nuevamente las opiniones de mis colegas, e interpreté que en el fondo todos estábamos solicitando no sólo un equilibrio mayor en la programación, sino también una racionalización del gasto público con respecto a su utilidad posterior. Ni más ni menos que lo que otras autonomías españolas ya se estaba realizando, en un contexto de política cultural en donde uno de los aspectos básicos es, y debe ser, la ayuda preferente a la creación de los propios artistas y colectivos afincados en la región.

 

La programación de la decimocuarta edición.-

 Y de esta manera llegamos a una edición que recupera la preposición “de”. Estamos ante la Feria de Teatro de Aragón en Huesca (no “en” Aragón), y a pesar de ello no se ha rebajado la participación de compañías del resto del estado español y de otras zonas europeas. En total han participado 31, registrándose, en mi opinión, interesantes estrenos absolutos nacionales, y/o en lengua castellana. Cabría destacar entre todos ellos Pepe el romano (la sombra blanca de Bernarda Alba), de Erenesto Caballero, con dirección de Mikel Gómez de Segura, por la compañía Traspasos, compuesta por actores vascos, Ex simbols, con textos de Félix Sabroso, Miguel Gila, Antonia San Juan y otros, dirigido por Berta Ojea y presentado por Peineta Producciones, de Madrid, y Mi vida. com. con texto y dirección de Miquel Crespi, por la compañía catalana Las Calígulas.

 La Feria presentaba un amplio abanico de espectáculos recientemente estrenados y que obtuvieron también resonantes éxitos. Tal vez destacaríamos entre ellos el excelente Uno solo, de diversos dramaturgos valencianos, con dirección de Victoria Salvador, por la compañía Combinats (Valencia), que abrió fuego el primer día; Cabaret Caracol a cargo Laví e Bel (Andalucía); Divorciadas, evangélicas y vegetarianas, de Gustavo Ott, por la compañía Profetas de Mueble Bar (Canarias); Los monólogos de la vagina, de Eve Ensler, por Karácter Producciones (Madrid); Game Over, producción de La Alquibla Teatro (Murcia), musical presentado en la franja horaria infantil; Réquiem, texto y dirección de Fernando Renjifo, por La República (Madrid); Madame et Monsieur, por la Compañía Leandre-Claire (Francia-España), y, por último, Al anochecer, de Juli Disla y dirección de Joan Miquel Roig, por la compañía Dramaturgia 2000 (Valencia).

 De entre la interesante y nutrida participación aragonesa cabría destacar los estrenos de Viridiana Producciones (Cómicos y maleantes), Nuevo Teatro de Aragón (Shakespeare´s), Teatro Imaginario (El amor es una mentira pero funciona). Tal vez una de las sorpresas más agradables de la Feria la haya reportado la recién salida del horno compañía oscense Los Macclown, que, dirigidos por Amparo Nogués, profesora de la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza, presentaron un brillante espectáculo titulado Cinema Maravillas. Junto a estos estrenos, los espectáculos de José Luis Esteban (Territorio Beat), Teatro de la Ribera (Pasiones), Teatro de la Estación (Baby Boom en el paraíso), El Temple (Buñuel, Lorca y Dalí), Títeres Arbolé (Sueño: payasos, narices y corazones), Nasú (Al abordaje), En Globo a la Habana (Galápago), Belladona (Perversia) y Caleidoscopio (Aventuras con Rata Marina), de los que hemos escrito en algún momento.

 En la programación, por último, se quiso incorporar una serie de espectáculos pensados de manera especial para el público de una ciudad que tantas veces ha visto la Feria de Teatro como un gheto comercial ajeno a su interés. En el Polideportivo se estrenó Mowgli, el niño de la selva, un magnífico trabajo firmado por el Centre de Titelles de Lleida; se presentó también el Ballet de Biarritz, con cuatro excelentes coreografías de su director artístico, Thierry Malandain, y se clausuró la programación con la versión de Perseo realizada por la compañía aquitana Temps Fort , que llegaban a la ciudad al término de su gira australiana.

 

 Otras novedades de interés.

 En esta edición la Feria se han utilizado nuevas infraestructuras. Lamentablemente no estuvo disponible el salón de actos del colegio de los Salesianos, un lugar importante tanto por su excelente ubicación urbana como por las dimensiones de su escenario, pero se incorporaron tres nuevos que podrán ser utilizados en futuras ediciones: la Capilla de Santa Rosa, tal vez uno de los espacios más atractivos de esta edición, utilizado para los últimos espectáculos del día, las magníficas instalaciones del Museo Provincial, y el Centro Cívico del Matadero, en donde se centralizaron también las actividades paralelas y se instalaron la oficina de acreditaciones, los stands comerciales y los servicios de restauración. Allí también se instaló el set de televisión que emitía en circuito cerrado y de forma permanente fragmentos de los espectáculos que se iban presentando acompañados de entrevistas diversas, comunicados de interés, etc. Junto a estos nuevos espacios, los ya clásicos: el Teatro Olimpia, el Polideportivo, el Centro Cívico del Perpetuo Socorro y algunos ámbitos urbanos para espectáculos de calle.

 Además de estas novedades infraestructurales, conviene destacar la gran cantidad de reuniones, debates públicos y sesiones sectoriales de trabajo que se han desarrollado a lo largo de la semana.

 Se ha querido, en primer lugar, rendir un homenaje a Juan Graell, desaparecido actor, polemista, y promotor teatral aragonés, poniendo su nombre al espacio de reflexión pública cuya organización se ha encomendado en esta ocasión a la Asociación de Empresas de las artes Escénicas de Aragón. Durante tres días se debatió allí sobre la crítica teatral en España, con asistencia de Enrique Centeno, de Diario 16, sobre la situación del mundo editorial español, con la presencia de Cristina Santolaria, subdirectora del INAEM, Pedro Lapetra, Director General de Acción Cultural del Gobierno de Aragón, Vicente Villarrocha, Presidente de la Asociación de Empresas, Francisco Ortega, Director de la Feria, Juan Antonio Hormigón (Asociación de Directores de Escena) y Domingo Miras (Asociación de Autores de Teatro), y, en concreto, en Aragón, con la presencia de seis de los autores del libro Ocho autores ocho, editado por la propia Asociación.

 Paralelamente, se desarrollaron los encuentros entre distribuidores nacionales, la reunión de directores de ferias del estado español, y entre representantes políticos, técnicos y artísticos de Aragón y la región francesa de Aquitania, con la que se fragua desde hace tiempo toda una serie de acuerdos de colaboración cultural.

 

Conclusión.-

 Siempre que un evento ya enraizado hace una reflexión de sí mismo, de su propia trayectoria, y modifica alguno de sus objetivos, se producen ciertas reticencias iniciales. Al fin y al cabo, una feria de teatro es un lugar de encuentro humano, comercial y artístico, un ámbito en donde personas concretas, que mantienen una relación desde hace años, representativas de todos los sectores de la producción teatral, conviven durante unas jornadas apretadas y, en cierta manera, agotadoras. Si tuviéramos que evaluar esta última edición en base a la gélida asepsia de los números, que, por otra parte, tanto obsesionan a los burócratas, el éxito sería más que evidente: más espectadores, más compañías, más días de duración, más espacios para la exhibición de espectáculos, más lugares de encuentro entre profesionales, etc, que en cualquier edición precedente. Pero la valoración del resultado estadístico debe tener sus límites y nadie quiere pecar de un triunfalismo infantiloide, propio de otros tiempos. Hay aspectos que deben seguir mejorando, reconduciéndose todavía más hacia la racionalidad, apostando por el futuro, incorporando nuevas tecnologías, atendiendo a los nuevas realidades de la escena española, aragonesa y europea, abriéndose al diálogo y al encuentro entre los profesionales del espectáculo.

 Pero no cabe duda de que quienes de buena fé, y con un espíritu profesional constructivo, han estado este año en Huesca, han percibido una vitalidad especial. Y es que la Feria de Teatro de Aragón quiere perfilarse como la gran feria española de perfil generalista y hacia ello dirige su esfuerzo. Es decir, el mayor escaparate nacional del teatro de las autonomías, en donde la atención y el cariño a los profesionales de fuera siga siendo exquisito y las compañías de Aragón se sientan particularmente en su casa. ¿Podría ser de otra manera?

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