Aragón: una temporada más, si no fuera por…

Si la eterna demanda del conjunto de la profesión teatral aragonesa ha sido desde hace tiempo que las instituciones públicas clarificasen su política cultural y más específicamente en lo referente a la actividad escénica, esta misma profesión teatral ha dado un paso de gigante clarificándose a sí misma. O, al menos, habiendo dado pasos adecuados en esa dirección. Y es que se ha creado la Asociación de Empresas Teatrales de Aragón. Ni más ni menos.

Desde una perspectiva exterior tal vez sea difícil entender cómo en una comunidad autónoma en donde el sector teatral comienza a tener unos añitos, genera puestos de trabajo, actuaciones, dinero, etc, además de unos estimables productos artísticos, no se hubiera creado antes una asociación de este tipo. Para tratar de comprenderlo hay que vivir aquí y conocer de primera mano tanto las peculiaridades de nuestra idiosincrasia como, probablemente, los rigores del cierzo y otros factores de orden telúrico. Los interesados en descifrar este tipo de enigmas pueden ir viendo algunas películas de evidente inspiración surrealista de Luis Buñuel, a punto este año de ser homenajeado por su centenario, o algunos cuadros del más tenebroso de los Goyas, y tal vez encuentren claves para adentrarse en esa dificultad congénita y suicida que tenemos los aragoneses para cogernos del brazo y pasar juntos los malos tragos.

La Asociación se ha creado con los problemas de cualquier parto dificultoso. En este caso con un cierto enfado por parte de quienes se han quedado fuera, esto es, aquellas compañías que no están estructuradas como empresas propiamente dichas y que, por tanto, sufren de otra manera las cargas y obligaciones fiscales. Estas últimas aluden a que mejor hubiera sido crear un órgano que representase mejor la globalidad del sector. Las ya asociadas, por el contrario, les contestan que eso es otra cosa y que desde luego no se está valorando la calidad de los trabajos artísticos propiamente dichos, la trayectoria y los objetivos de nadie, sino la especificidad legal, dejando abierta la puerta, o por lo menos entornada, para todo aquel que en un futuro decida integrarse asumiendo previamente los requisitos.

Polémicas y enfados aparte, el paso es importante. En primer lugar porque por vez primera y de una manera estabilizada, el teatro profesional aragonés va a encontrarse a sí mismo. O, dicho de otro modo, los profesionales van a tener un espacio conjunto de análisis y reflexión. Hasta ahora todos los intentos disfrutaron de una vida cortísima, sin duda como consecuencia del origen puntual y extremadamente reivindicativo que tuvieron. En segundo lugar, porque la Asociación va a ser en breve la voz y el interlocutor de la profesión ante unas instituciones que están bastante acostumbradas a no tener a nadie con quien hablar, a elegir ellas por su cuenta con quien hacerlo, o a hablar con algunos que, de cuando en cuando, se acercan hasta sus despachos de forma particular. En tercer lugar, porque esta clarificación va a dar pie sin duda a otras clarificaciones: convenios colectivos con actores, técnicos, etc., en un proceso de normalización, desarrollo y/o maduración de nuestro frágil tejido industrial.

A través de esta Asociación también habrá que canalizar algunos de los temas que influyen decisivamente en nuestra actividad anual. El montante global de las ayudas a la producción, por ejemplo, tanto en el capítulo de concertaciones como en el de subvenciones directas a proyectos lleva congelado desde hace bastante tiempo y nadie parece dispuesto y con fuerzas individuales para pelear porque se incremente.  La Feria de Huesca -otra patata caliente- sigue siendo de una inutilidad manifiesta para los  intereses de las compañías, en el sentido en que se expresaron en estas mismas páginas cualificadas voces de nuestro panorama (Primer Acto nº 266). Si estos temas son relevantes, no conviene olvidar otros que parecen inabordables desde una perspectiva individual pero que se adivinan en el horizonte como propios para ser debatidos y peleados desde una Asociación de este tipo: en qué consiste y cómo se llevan a cabo los intercambios con otras comunidades autónomas, cómo se contempla la proyección del teatro aragonés en el extranjero, la formación de los diferentes profesionales, la programación de los festivales de verano, los circuitos de exhibición, las coproducciones que algunos ayuntamientos, como es el caso de Zaragoza, han iniciado tímidamente, las posibilidades, ventajas e inconvenientes de crear un Centro Dramático, y muchos otros.

 

La temporada.

La creación de esta Asociación es, por tanto, el tema estrella de una temporada bastante continuista en casi todo aunque con alguna que otra novedad.

La principal es que la Feria de Huesca se ha desdoblado en dos. O mejor dicho, desde este año se piensa organizar en dos sedes diferentes: Huesca y Alcañiz. La primera albergará compañías de todo el estado y alguna que otra de por aquí. Es decir, más de lo mismo. La segunda será verdaderamente lo que la primera dejó de ser en su momento: un escaparate de nuestros productos escénicos. El invento bicéfalo de José Luis Melendo, técnico incombustible del Departamento de Cultura del Gobierno de Aragón, recordó a muchos la primera y segunda división futbolística y sirvió para aumentar inicialmente el grado de suspicacia. 

Curiosamente fue la segunda la que generó una energía y un entusiasmo del que Melendo, estratega inteligente y omnímodo, y un hombre clave para entender los entresijos de nuestro panorama, se siente muy orgulloso, e incluso bastante responsable, a juzgar por el jubiloso escrito que publicó recientemente en el boletín que él mismo coordina. Allí no sólo constataba la buena salud de nuestro teatro, matizando otras declaraciones anteriores, sino que manifestaba abiertamente su deseo personal de que las jóvenes generaciones nos sigan asombrando con sus novedosas propuestas. (Algunos maliciosos sospechan que en sus líneas está implícito también el deseo de que los más veteranos se vayan jubilando cuanto antes…)

La segunda novedad es que acaban de constituirse los Premios al Teatro Aragonés. Tal cosa, también desde la óptica foránea, pudiera parecer anecdótica o insustancial. Pero no lo es. Se trata de la primera ocasión en la que el propio sector se premia amistosa y generosamente a sí mismo y a sus principales protagonistas, en un acto que se han inventado el actor Santiago Meléndez y la Discoteca Oasis, un lugar en donde hace años, además de la programación de variedades que lo hizo emblemático en Zaragoza y famoso en toda España, también se produjo y programó teatro. Si lo consideramos como un paso adelante en la creación de una conciencia colectiva llegaremos a la conclusión de que no estaría nada mal que se consolidaran definitivamente y sirvieran, además, como imagen del sector ante los medios de comunicación y la población en general bastante desatenta hacia estos asuntos. En esta ocasión, además de premiar a varios trabajos escénicos y textuales, y varios profesionales, se le ha reconocido su larga trayectoria a Carlos Vega, actor en múltiples compañías, concediéndole el Premio “Pilar Delgado”.

Por último, la tercera novedad ha sido que en esta temporada algunas de las compañías más relevantes de la comunidad han realizado coproducciones entre ellas mismas o con otras de fuera de nuestros confines. Tal vez estemos en la antesala de lo que en poco tiempo sea una fórmula habitual de producción como consecuencia de una necesidad generalizada de aunar esfuerzos y recursos humanos, técnicos y económicos.

 

Los espectáculos.-

Las compañías han presentado a lo largo de la temporada sus nuevos trabajos y ha seguido manteniendo en repertorio algunos anteriores.

Es el caso del Teatro de la Ribera que mantiene El amante militar, de Carlo Goldoni, y Las burlas de las mujeres, ambos dirigidos por Pilar Laveaga. Muy pronto hará su aparición en el panorama un nuevo proyecto capitaneado también por la veterana actriz. Se trata de un espacio de creación teatral inspirado en dramaturgias contemporáneas al que le dedicaremos en breve la atención que merece.

El Nuevo Teatro de Aragón ha estrenado El Siglo, obra escrita por la actriz francesa Michelle Laurence e interpretado en Paris con gran éxito por la mítica actriz “Patachou”. Para la ocasión la compañía ha contado nuevamente con la participación de María Isbert para encarnar el pesonaje protagonista. El segundo trabajo fue El Derribo, escrito y dirigido por Gerardo Malla y coproducido con Pentación S.L. Pepe Martin, Luisa Martínez Pazos, Manolo de Blas, Ana María Barbany y Paco Casares comparten el reparto. La compañía mantiene igualmente Como cómicos, a partir de textos del siglo de oro español y Pimpinone, Opera de Cámara de Telemann.

El Teatro del Temple mantiene con gran pujanza su Macbeth y Lady Macbeth, dirigido por Carlos Martín. Con este trabajo, ampliamente galardonado en los recientes Premios del Teatro Aragonés, se presentaron en el Teatro Goya de Barcelona y lo harán en breve en el Festival de Almagro, completando una buena campaña en la que se afianzan ya como una realidad incuestionable. Además importaron también un éxito extranjero: ¿Qué coño es el hombre?, de Antonio Albanesse, Gian Piero Solari, Michele Serra y Enzo Santin. Carlos Martin, además de compartir escenario con Santiago Meléndez, ha dirigido la obra y escrito la versión castellana.

El Silbo Vulnerado y Los Titiriteros de Binéfar han desarrollado aún más su proyección exterior. Los primeros conocen bien los escenarios de latinoamérica y los segundos acaban de recibir un premio por su reciente participación en el Festival Mundial de Títeres de Praga con su espectáculo La raposa. Además de editar su segundo disco A tapar la calle y de mantener en repertorio otros trabajos anteriores como Juerga S.A y El Dragón, los Titiriteros han presentado dos nuevas producciones: Cómicos de la legua, que recibió el Premio del Público en la Feria de Alcañiz, y Títeres y Comediantes, una coproducción con la compañía oscense Producciones Viridiana, realizada a partir de textos de Federico García Lorca y dirigida por Jesús Arbués. Estos últimos han seguido representando su versión de Ñaque, de Sanchis Sinisterra y trabajando en su flamante nave recién acondicionada.

La Rueda Teatro recibió el Premio al Mejor espectáculo de la Feria de Alcañiz por su versión de La mujer sola de Dario Fo, con dirección de Luis Bitria. En escena una actriz bilingüe, Violette Campo, que con su compañía radicada en Mourenx (Aquitania) Les pieds dans l”eau ha coproducido este trabajo.

Ciudad Interior, también en coproducción con Embocadura, presentó su versión de Acreedores, de Strindberg con dirección de Luis Merchán. Un trabajo en donde Mariano Anós no sólo interpreta de manera admirable uno de los personajes, sino que es también el responsable de un bello espacio escénico. Anós es igualmente el director de un espectáculo producido por la joven compañía Pingaliraina a partir de textos de Alberti, Machado, Atxaga, etc. Su título: Poemas Mix.

Nasú ha mantenido también sus espectáculos Estamos rodeados y Sigue volando. En estos momentos trabajan en Sevilla a las órdenes de Miguel Garrido en lo que será su nuevo trabajo en la línea de teatro de Clown. Justamente justo es el título más probable para esta nueva producción.

Los teatros  privados -La Estación y Arbolé- mantienen una programación estabilizada. El primero ha mantenido en cartel durante la temporada un buen número de espectáculos. Destacamos su versión de Luces de Bohemia, de Valle Inclán, con un excelente trabajo interpretativo de Ricardo Joven, y de Pareja abierta, de Darío Fo, en donde sucede lo mismo con Juan Ramón Benaque y Cristina Yáñez. Ambos espectáculos fueron dirigidos por el cada vez más prolífico e infatigable Rafael Campos.

Arbolé, por su parte, la sala más veterana de la ciudad dedicada preferentemente al público infantil, no sólo consolida su programación y su ambicioso proyecto editorial especializado en literatura para títeres y en estudios sobre este género, sino que extiende su marco de trabajo. En el pasado año participaron en muestras de Cuba, Argentina, México y Puerto Rico. En el primero de estos países recibieron el Premio Villanueva de la Crítica al mejor grupo de teatro infantil.

El Teatro de calle está atravesando un buen momento del que nos felicitábamos recientemente en estas páginas (Primer Acto, nº 276). En concreto la temporada ha sido excelente para Caleidoscopio, una compañía que ha dado pruebas más que suficientes de rigor artístico y seriedad empresarial, mantiene en repertorio sus espectáculos A Oskuras, Duendes del Baul, La Mar en Solfa y Fuegos de manos… Juegos de Villanos.

Por último, destacar la organización en Zaragoza, impulsada por el concejal Juan Bolea, de la Primera Semana del Autor. En esta ocasión ha sido dedicada al escritor oscense Javier Tomeo para el que desde esta instancia municipal se solicita el Premio Nobel de Literatura. Dos textos de Tomeo, que, como recuerda frecuentemente Joan de Sagarra, es el escritor español más representado en todo el mundo a paesar de que no escribe nada específicamente para el teatro, se presentaron en esta privilegiada ocasión en el Teatro Principal de la ciudad que, por cierto, celebra este año el bicentenario de su fundación. El primero fue una adaptación de Francisco Ortega de su Bestiario, interpretado por nueve actores de diferentes compañías aragonesas. El segundo, Los misterios de la Opera, fue dirigido por el valenciano Carles Alfaro y coproducido junto a Geografías Teatro.

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