Carta abierta a los próximos responsables de la política teatral.

(Escribí este manifiesto hace más de quince años, antes de unas elecciones municipales. Creo que no salió publicado en sitio alguno.)

 

Parecería lógico que las propuestas que los partidos políticos presentan ante sus electores, tanto en materia teatral como en cualquier otra, fueran encaminadas a sedimentar lo mejor de lo ya conseguido, rectificar lo defectuoso, y acometer proyectos de futuro con la esperanza de conseguir avances de carácter general. Eso sería lo lógico, como digo. Pero cualquiera que leyera en estas mismas páginas las opiniones de algunos portavoces de sus grupos políticos en materia teatral, y más si ese lector tuviera conocimiento de cuales son realmente los problemas, las carencias pero también las esperanzas y las realidades del panorama teatral en Aragón, se quedaría cariacontecido ante las expectativas de futuro que éstos anuncian. Porque todos ellos demuestran un grado de desconocimiento mayúsculo sobre la materia de la que alegremente opinaban. Desconocimiento, consecuencia de su escaso interés personal por el teatro, acompañado de ignorancia, unas gotitas de paternalismo, y, en el mejor de los casos, y como mucho, de buenas intenciones y de buenas palabras, avalados en algún caso por cifras y estadísticas.

Vayamos por partes. ¿Qué es lo conseguido? Existen compañías profesionales que producen espectáculos de una calidad creciente, que son incluidos de manera regular en circuitos y teatros de España, y que han originado una incipiente profesión teatral. Existen circuitos, muestras y festivales ya consolidados, auspiciados desde municipios e instituciones provinciales y autonómicas, que han ido creando el hábito de ver teatro hasta en lugares recónditos. Existe una Escuela de Teatro profesional, dependiente del Ayuntamiento de Zaragoza, junto con otras células de formación en Universidades, bancos de actividades, etc. Existen teatros públicos y salas privadas con programaciones más o menos coherentes. Existen ayudas a la producción y existen concertaciones con compañías concretas que les permite a éstas plantearse sus objetivos a dos años vista. Tal vez todo ello, y alguna otra cosa más, no sea mucho, pero hace falta ser muy miope, o no entender ni patata de teatro, como para no valorarlo en su justa medida.

¿Qué dicen nuestros futuros próceres? En primer lugar ninguno de ellos demuestra mucho olfato para las soluciones globales, o lo que es lo mismo, para tener en cuenta todos estos aspectos de una manera amplia y coherente, priorizando unos objetivos sobre otros. Alguno propone iniciativas parciales válidas, como la de la creación de un Centro Dramático, pero como una especie -otra vez, no, por favor-, de palacio en mitad de la miseria… Otro propone cosas incomprensibles como la creación de “escuelas de teatro”… (sic), sin especificar número ni utilidad. Y otro, por el contrario, omite precisamente hablar de escuelas, cuando en su propio programa electoral municipal anterior se incluía una enigmática aunque esperanzadora promesa de incentivar las escuelas artísticas municipales, añadiendo ahora, sin más, que las subvenciones son malas “per se” y que se está a favor de las coproducciones puntuales -un par al año- como mucho, como gran objetivo estratégico general. Es decir, que cada año se quedarán contentos uno o dos…

Desconozco, como es lógico, quien ganará estas elecciones, y cómo serán las relaciones entre instituciones autonómicas y estatales a partir de ese momento. Pero, sea quien sea el partido que las gane, me atrevería a darle un humilde consejo al responsable que coloque: estudie sensatamente el panorama, escuche a los implicados de una manera igualmente sensata, es decir, sentándoles a una mesa y escuchándoles de verdad. Interésese -hay publicaciones-, por modelos ya estabilizados en otros lugares de España y del extranjero. Vaya al teatro con una mayor frecuencia, que no le va a pasar nada malo, y, de momento, no se deje llevar por sus propios impulsos. Recuerde que al día siguiente de ser concejal, diputado o senador, se es igual de ignorante en arquitectura, medicina, astronomía o teatro, que el día anterior a las elecciones, pero el peligro de creer que se sabe suele aumentar a la velocidad de la milirrubina. Esté atento, por tanto, y escuche, sobre todo, escuche.

Y escuche de momento esto: aunque usted lo desconociera, en Aragón, a marchas forzadas, con titubeos, con poco presupuesto, con mucho voluntarismo, se había empezado a crear, antes de que usted llegara en carne mortal, una incipiente industria del espectáculo y se habían cimentado las bases para su desarrollo. Créaselo. Esto no es una victoria de sus rivales anteriores -no se altere-, sino de un acercamiento y una confluencia entre instituciones y profesionales que costó sangre, sudor y lágrimas. De usted depende ahora favorecer esa tendencia, cimentar aún más este endeble edificio, o favorecer su caída con políticas disparatadas, faraónicas, caprichosas, amiguistas, parciales, injustas, etc. Piénselo. Atentamente.

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