El teatro de calle en Aragón: un momento excelente y un futuro mejorable.

Publicado en “Primer Acto”, Nº  276 (Noviembre-Dociembre 1998-99)

 

Reúno a los representantes de las tres compañías de calle más arraigadas en Aragón: Roberto Barra (Caleidoscopio), Luis Bordonada (Promotora de Acción Infantil PAI) y Rebeca Pueo (K de Kalle). Como en ocasiones anteriores, con los escritores y con los creadores alternativos más representativos de nuestra comunidad, sobre un guión previo (el pasado, el presente y el futuro del sector) les dejo hablar con total libertad.

Deducción final: no cabe la menor duda de que el teatro de calle en Aragón atraviesa por un gran momento, tanto en cantidad de espectáculos y compañías, como en la calidad de algunos de sus resultados. Pero el futuro está lleno de incógnitas.

 

Francisco Ortega.-

Me gustaría que, en primer lugar cada uno resumiérais la trayectoria de vuestra compañía y explicitárais los cambios más notables, tanto en el aspecto artístico, como a nivel de estabilidad organizativa, de producción, etc. que habéis experimentado.

Roberto Barra.- Como grupo profesional Caleidoscopio nace en 1984, aunque tanto Azucena como yo habíamos pertenecido a otras compañías con anterioridad. Desde el principio nos decantamos por un tipo de teatro de calle, directo, con cierto componente absurdo y una utilización muy amplia de elementos diversos: muñecos, máscaras, etc. Nos interesaba mucho el mundo de la pantomima puesto que no en vano habíamos estado en varias escuelas en Londres y París. En la de Lecoq, por ejemplo, nos fue muy útil ese enfoque de la pantomima en la que además uno aprende a escribir las suyas, desde un punto de vista de la autoría. Cuando regresamos, empezamos a ser contratados por las diputaciones y municipios aragoneses y empezamos a estabilizarnos de alguna manera. Pero curiosamente aquí tuvimos un problema: a veces es difícil sustraerse a las exigencias de un mercado y de una demanda que tú mismo has formado y creado. Al cabo de un tiempo en Aragón fueron naciendo nuevos grupos con lo que nosotros pudimos investigar por otros derroteros, volver a retomar a veces el teatro de sala, etc. Otro paso importante fue empezar a contar con un equipo estabilizado. En la actualidad somos tres miembros fijos los que vivimos de este trabajo, y otros cuatro los que nos acompañan percibiendo salarios y cotizando en la seguridad social. En los últimos años nos hemos centrado especialmente en el público infantil, pero sin olvidar a todos los públicos. Para concluir con esta primera cuestión, creo que lo fundamental en nuestra evolución ha sido el hecho de ir dándole mayor importancia al detalle, al acabado, tratando de dignificar el propio concepto de teatro de calle. Entendemos que el término “animación”, que en un momento tuvo un determinado sentido, ahora se ha devaluado un tanto. Para nosotros “la animación” goza de unas particularidades que a veces el teatro de calle puede tener y otras veces no.

Luis Bordonada.- La PAI es un grupo especial dentro del panorama teatral aragonés. Surgió como un movimiento ciudadano en el año 1979, cuando en nuestra ciudad un grupo de gentes se reunió al calor del Año Internacional del Niño. Se combinó allí una parte de creación teatral con el trabajo de los Talleres de Tiempo Libre. Desde el principio tuvimos estas dos vertientes aunque pronto nos decantamos más por el aspecto teatral. Desde 1987 funcionamos como un grupo estable de ocho personas a la que el año pasado se juntó una novena. Desde entonces funcionamos en la práctica, aunque no legalmente, en régimen cooperativo. En un primer momento funcionamos de una manera muy autosuficiente: escribíamos nuestros propios guiones, construíamos los elementos, los muñecos, etc, pero ahora empezamos a delegar en otros profesionales, encargando colaboraciones que nos permiten a nosotros centrarnos en el trabajo específicamente teatral y estético. En el campo del repertorio, además de nuestros propios espectáculos, somos un grupo abierto a otras propuestas, por ejemplo a encargos concretos para colegios, a experiencias multidisciplinares, etc. Otro ámbito en el que nos hemos movido han sido las grandes propuestas, con una cierta tendencia incluir muchos elementos. Somos muy parafernálicos. Sea como sea, todo lo que hacemos en teatro, se remite a dos conceptos de base: el juego y la participación. Y, aunque nos hemos dirigido al público infantil de una manera preferente también nos hemos ido decantando por un público más amplio, familiar, etc.

Rebeca Pueo.- Acabo de entrar en K de Kalle y, por tanto, aunque me han contado los orígenes de la compañía en 1982, no los he vivido directamente. Ese año un grupo de personas del barrio del Arrabal se juntaron para hacer talleres para chavales, animación infantil, etc, hasta que llega el año 1985 en el que deciden hacerse profesionales. Desde entonces han pasado por la compañía unas treinta  personas y cada una de ellas ha dejado, sin duda, su granito de arena. Esto ha llevado a que nuestros espectáculos hayan sido muy diferentes entre sí, desde lo que hicimos para la Expo 92, a partir de la figura de Goya, que fue una movida muy grande, dirigida preferentemente a los adultos, hasta otros trabajos infantiles, más en clave de animación. A lo largo de estos años también hemos diseñado muchas inauguraciones y cierres de acontecimientos públicos. En cualquier caso nuestro trabajo siempre ha estado basado en un espíritu de juego y participación, como decía hace un momento Luis, huyendo de lo bélico y lo competitivo, por ejemplo.

 

F.O.- Desde la explosión del teatro de calle, muy vinculada en los ayuntamientos a la llegada de la democracia, han cambiado muchas cosas. ¿En qué medida lo ha hecho el mismo público?

Roberto Barra.- El público ha cambiado mucho también. Es más educado, ha visto otros productos de teatro de calle, y sabe distinguir qué cosas tienen calidad y cuáles no. Los niños, en concreto, también han cambiado. Son mucho más exigentes que antes y es más difícil sorprender. Ahora es necesario ofrecer algo más que un señor subido encima de unos zancos. Como has dicho, tomar la calle ya se tomó hace años. Y al público de Aragón, un público al que le hemos ido acostumbrando a ver propuestas muy diferentes y de una manera bastante continuada, le ocurre lo mismo pero incluso más claramente que en otros puntos de España.

 Luis Bordonada.- En Aragón se ha creado una escuela muy potente en torno al teatro de calle que es, a su vez, y aquí hemos cometido un gran error, bastante desconocida en el resto de España. Efectivamente el público es muy educado, como ya ha dicho Roberto, y también es muy fiel. En 1988 nosotros creamos un proyecto que fue convertir el Parque Bruil en un espacio de animación infantil durante las Fiestas del Pilar. Ese proyecto ya es una gran realidad y está dotado de un buen presupuesto. La experiencia es un éxito año tras año, el público es fiel y exigente a partes iguales. Sin embargo, esta iniciativa, como te decía antes, no se conoce bien fuera de aquí.

 

F.O.- Hablemos más en concreto de la situación actual de vuestro sector. ¿Cuáles serían los principales escollos que actualmente existen?. A veces dais la sensación de que marcháis juntos, sin las tensiones y las diferencias que tienen, por ejemplo, los grupos de sala o de interior. Si esto es verdad, ¿a qué es debido? ¿Esa unión, fructífera desde el punto de vista político, por ejemplo, no ha unificado demasiado vuestros productos?

Roberto Barra.- La situación del teatro de calle en Aragón es buena en el sentido de que hay mucho donde elegir y el mercado está bastante saturado. Es mala por otro lado: porque hay demasiado y, efectivamente, demasiadas cosas parecidas. Hay grupos que han creado escuela pero sus discípulos parecen más empeñados en copiar que en aprender. Por eso empiezo un poco a recelar de los cursillos. En este sentido las instituciones deberían ser más exigentes porque en la actualidad el famoso CIF es lo que a todos nos iguala ante la ley, y eso no debería ser así en otros terrenos.

Luis Bordonada.- Nosotros también creemos que el intrusismo es malo. Pero seguimos favoreciendo y organizando cursillos de formación. En este momento estamos pensando incluso en la creación de una escuela de teatro de animación, en el sentido más amplio de la palabra. En cuanto al “copieteo” que apuntaba Roberto, a mí no me preocupa demasiado porque si un grupo tiene claro lo que hace es difícil que igualen sus resultados. Creo que en el trabajo de los grupos aragoneses en general ha faltado mezcla y dosis de investigación en relación con otros de fuera. No me complace pensar que el éxito del teatro de calle en nuestra comunidad venga dado precisamente por la ausencia de un número importante de salas que condiciona a los actores a decantarse por otras formas. A mí me encantaría, por ejemplo, que hubiera más teatro infantil de sala. Destacaría, por último, como aspecto positivo, que durante estos años ha habido mucha unión entre los grupos, lo que ha propiciado un fecundo trasvase de ideas. Aunque también, lógicamente, ha habido pequeños problemas entre nosotros.

Rebeca Pueo.- Lo que está sucediendo en Aragón me parece muy loable, tanto por el grado de unión entre nosotros para llevar a cabo proyectos comunes, como el nivel de calidad de lo que hacemos. No hace falta más que salir por ahí, a festivales y muestras en el estado español, para constatar esto que digo y para ver que también en número de compañías somos una buena cantera. Tampoco comparto el temor de Roberto sobre que los cursillos favorezcan necesariamente el intrusismo.

Roberto Barra.- Tal vez nosotros en Caleodoscopio somos un poco los disidentes… Yo, esto de la unión no lo tengo tan claro. Creo que el nivel de lo que hacemos crecerá a partir de que cada uno asuma el lugar estético, organizativo, de mercado, etc, que le corresponde diferenciándose de los demás, aunque no digo que lo que hagamos sea exactamente lo mismo, claro está.

Luis Bordonada.- En parte estoy de acuerdo con lo que decís. Me parece interesante resaltar en este sentido que el Ayuntamiento de Zaragoza ha tenido un papel importante a la hora de favorecer esta realidad. Pocas ciudades españolas organizan tantos eventos públicos y tan potentes como aquí: cabalgatas, pasacalles, fiestas diversas, etc. y con un nivel de dignidad estética tan alto.

 

F.O.- Hablemos por último del futuro. ¿Qué debería cambiar en la actitud de los profesionales y en la de las instituciones para consolidar lo que ya existe y fundamentar nuevas y más sólidas estructuras de creación y distribución?

Roberto Barra.- Para que los que ahora hacemos teatro de calle no acabemos con lumbago a los cincuenta años la fórmula es no perder la fuerza y la frescura de los inicios pero ganando en sutileza y tal vez en levedad. Eso es, al menos, lo que nosotros intentamos hacer. Para conseguir lo que dices pensamos que deben pasar tres cosas. La primera, que tanto los grupos como las instituciones se clarifiquen. Los primeros, ya lo hemos dicho, en el objetivo de diferenciarse y trazarse un camino más personal. Las instituciones, corrigiendo algunos aspectos de sus políticas de contratación. Y tampoco estaría mal que la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza brindase la posibilidad de formación en este campo. En segundo lugar creo que debería formarse una asociación de compañías profesionales que sirva para aunar esfuerzos y voluntades para conseguir objetivos comunes. En tercer lugar, no estaría mal volver a poner sobre la mesa la creación de un Centro Dramático para Aragón que sirviera para racionalizar todos los aspectos de la producción, distribución, etc., en nuestra tierra.

Luis Bordonada.- Estoy de acuerdo con Roberto en que la Escuela de Teatro debería involucrarse en la tarea de formación de actores especializados en animación, pero discrepo un tanto en lo segundo. Dudo de que una asociación de compañías, abierta a todo el mundo, tenga mucho futuro. Entre otras cosas porque la sombra del cooperativismo es alargada y porque nuestra relación con el teatro de sala no es tampoco demasiado buena, demasiado fluida y coincidente, cosa que lamento. En cuanto a nosotros, en la PAI, me gustaría seguir siendo en el futuro un grupo íntegro, que no hayamos tenido que poner el culo demasiadas veces.

Rebeca Pueo.- Estoy de acuerdo en que, a pesar de que donde mejor aprendes el oficio es con la experiencia diaria en tu propio grupo, no estaría de más llegar ya con una base técnica lo más sólida posible. Es decir, me gustaría que hubiera un lugar donde poder aprenderlo, porque la formación en un futuro inmediato va a ser un pilar importante en el teatro de calle. Roberto tiene razón en lo de la necesidad de diferenciar las líneas de trabajo. En el futuro debemos cambiar, debemos dar un salto radical. Creo que todos no estamos dando cuenta en una medida u otra.

Luis Bordonada.- En la reunión que los grupos de teatro infantil acabamos de tener en Caspe esas han sido más o menos las conclusiones. Hemos llegado a un límite. A partir de ahora hay que hacer un trabajo más arriesgado, más provocador, más radical y menos complaciente.

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