Roberto Zucco

Bernard Marie Koltés

Bernard Marie Koltés

Os recomiendo la lectura de los textos teatrales de Bernard-Marie Koltès, nacido en Metz en 1948. Para mí es el mejor autor teatral de las últimas décadas del pasado siglo en la medida de que le toma el pulso de la realidad de su tiempo y, a partir de ahí, escribe un teatro que es mitad crónica, mitad estilización poética de una deslumbrante belleza. Yo escribí de él que tenía un pie puesto en la cloaca y otro en la más bella poesía francesa, heredera de una tradición refinada y culta.

Koltès como persona es también una metáfora. Murió en 1989, a los cuarenta y un años, víctima del SIDA, como fatal resultado de una vida acorde con su percepción de la literatura y del arte.

Ahora el Centro Dramático Nacional estrena su “Roberto Zucco”, uno de los textos que me llevaría junto con “Mi último suspiro”, las memorias de Buñuel, y algún otro, a esa isla desierta referencial que todos llevamos en la cabeza. Su redacción coincide precisamente con el diagnóstico de su irreversible enfermedad. Se cuenta que una escena está escrita el mismo día en que supo que su destino tenía fecha de caducidad inmediata.
Esta pieza teatral, que pone en escena por segunda vez en España, Lluis Pasqual, y que antes ha tenido otros aterrizajes escénicos memorables, como el firmado por Peter Stein, en Alemania, y otras incursiones cinematográficas perfectamente prescindibles, nos narra la historia de un extraño y fascinante asesino, cuyos crímenes terribles no dejan de tener un punto de romántica desolación. Todo empezó cuando el propio Koltès vio la fotografía de un tal Succo en un vagón del metro parisino, y quedó fascinado con los dulces rasgos del enigmático personaje. Después de documentarse adecuadamente, escribe una pieza de escenas cortas, que incluye pequeños diálogos y monólogos de una fuerza dramática extraordinaria. Juntos forman un friso en donde lo sórdido y lo bello parecen aparearse con gran suavidad.

Otros textos anteriores son “De noche, justo antes de los bosques” (1977), “Muelle Oeste”(1983), “En la soledad de los campos de algodón”(1985) y “Le retour au desert” (1988), espectáculo que tuve la suerte de ver protagonizado por Michel Piccoli y dirigido por Patrice Cherau, en el teatro Ranaud Barrault, de París. Personajes peculiares, que, de alguna manera representan grupos sociales, en espacios marginales, hablando de cosas reales, de transacciones, de peripecias, de heridas personales, de desarraigo étnico. Sólo serían lamentos si estos discursos no contuvieran caudales de poesía de muchos quilates. De hecho, Koltès conoce a la perfección los macanismos de la construcción dramática, pero también los de la propia lengua en la que escribe. Recordamos con auténtica veneración su traducción al francés de “Cuento de invierno”, de William Shakespeare.

Una anécdota personal para acabar. Me encanta perderme por los cementerios de París. Yo paseaba una fría mañana de invierno por el de Montmartre, en la falda de la colina y con el Sacre Coeur de majestuoso decorado, a la búsqueda de la tumba de Louis Jouvet. Atareado como estaba en este menester, no me di cuenta de que estaba pisando una lápida de mármol gris. Era su tumba. El corazón me dio un vuelco del que todavía no me he repuesto. Por esa razón secuestré el nombre de su personaje para presentarme ante vosotros.

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