Mitomanías (2)

Sentado en la mesa del jardín de la familia Brecht

Sentado en la mesa del jardín de la familia Brecht

 

 

 

 

 

 

 

 

El día 8 de Diciembre de 1980, el sicópata Mark David Chapman, después de pedirle un autógrafo, le asestó seis balazos a John Lennon en la puerta de su domicilio, en el edificio Dakota, situado en el número 1 de la calle 72 Oeste de Nueva York. Un edificio construido en 1881 que siempre ha estado rodeado de un halo de mal fario. Recuérdese al respecto la película de Román Polanski “La semilla del diablo”, filmada en 1961. Se terminó así de un plumazo la posibilidad de los cuatro músicos de Liverpool volvieran a reunirse en un estudio de grabación, algo que desde siempre sus seguidores habíamos mantenido el saco de nuestras mejores esperanzas, aunque fueran remotas.

 Enfrente del Dakota se encuentra ahora “Strawery Field”, una zona de Central Park que fue bautizada utilizando el título de la canción incluida en “Magical Mistery Tour”, compuesta por Lennon para los Beatles y que fue diseñada por el arquitecto y paisajista Bruce Kelly. Debo confesar que no ha habido viaje a esta ciudad en donde no me haya acercado a ese lugar para rendir un silencioso homenaje al músico asesinado, que representa, junto con George Harrison, una página abierta de manera permanente de mi vida personal. Allí, en una zona acotada, llena de referencias a la cosmovisión del músico inglés, suelen concentrarse (solemos concentrarnos) sus admiradores de un modo respetuoso y correcto.

Woody Allen

Woody Allen

De Manhattan recuerdo también con gran cariño la tarde en que escuché junto a Nieves, mi compañera entonces y madre de mi hijo, a Woody Allen tocar el clarinete en el Michael’s Pub. Previamente habíamos disfrutado viendo cómo se bebía tranquilamente una coca cola en la mesa contigua a la nuestra en compañía de su reciente compañera coreana.

Berlín fue para mí hace unos años, el lugar donde el tiempo se detuvo media hora y, junto con mis amigos Felix y Sara, tuve la suerte de pasear por la casa de Bertold Brecht y su esposa, la actriz Helen Weigel. Hicimos fotos, tocamos los muebles y los enseres domésticos de la pareja, acariciamos algún ejemplar de la librería –en concreto, el Fausto, de Goethe-, y miramos por el ventanal desde el que ellos descubrían cada mañana un pequeño jardín en donde ahora reposan precisamente sus propios restos. Parecida sensación a la sentida hace tan solo unas semanas, y que intento explicar en un post reciente, en la casa-taller de trabajo de Konstantin Stanislavski, en Moscú. Los dos grandes del teatro disponían de moradas razonablemente confortables, pero exentas por completo de elementos ornamentales vacuos. Por el contrario, un aire de esencialidad flota en ambos espacios interiores y en sus objetos. Parecido al que se respira ahora mismo en casa de Jean Claude Carrière, en París, dramaturgo de Peter Brook, biógrafo y guionista de seis o siete películas de Luis Bueñuel, en donde estuve invitado en tres ocasiones.

Antonio Gala en su casa de Madrid

Antonio Gala en su casa de Madrid

Las casas… Recuerdo que me impresionaron mucho las de Antonio Gala, en Madrid, a la que me invitó cuando yo tendría apenas veinte años, esta sí que lujosa y bellamente recargada; la de Lluis Llach en la plaza de San Jaume en Barcelona, de la que recuerdo un enorme piano de cola y las paredes prácticamente vacías; la de Albert Boadella, cercana a la cúpula, el lugar donde ensayaban sus espectáculos Els Joglars, una masía llena de cuadros y libros, entre otros los de Dolors Caminal, su esposa y también amiga mía. Esa casa se la quedó finalmente otro amigo, el actor fetiche de la compañía, Ramón Fontseré con quien he compartido horas de intimidad en el fragor de algunos bares.

Casas, cada una diferente a la otra, pero todas hechas a imagen y semejanza de las personas que las habitaban, como no podía ser de otra forma. Como la de Nuria Espert, enfrente del Teatro Real de Madrid, en la que estuve hace algunos años con José Monleón y José Sanchis Sinisterra, entre otras muchas personas, y a la que he vuelto recientemente un par de veces, de un refinado buen gusto, llena de libros y de recuerdos personales: premios, cuadros, dibujos de Rafael Alberti, etc.

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