Biografía de Molière

Nacido en París el 15 de enero de 1622, fue hijo del Tapicero Real. Es considerado como uno de los más grandes autores teatrales de la historia y padre de la actual Comedie Française. Su verdadero nombre fue Jean-Baptiste Poquelin.

Su relación con el teatro se inicia a los veintiún años cuando firma, junto a los miembros de la familia Béjart el acta de constitución del Ilustre Teatro, que pasaría a dirigir un año más tarde. Durante cinco años deja la capital para recorrer los caminos de Francia para ser actor. Pronto cobran fama sus farsas y obras cómicas, siendo instalados por el rey francés en el teatro de Petit-Bourbon. Sus obras empiezan a cobrar popularidad, siguiendo la máxima de “corregir las costumbres riendo”, lo cual, junto con la protección real, hace que Moliere se gane enemigos entre quienes son ridiculizados en sus obras.

En 1664 es nombrado responsable de las diversiones de la Corte y, cuando lo normal hubiera sido acomodarse a esa confortable situación, ese mismo año se estrena el Tartufo, obra crítica para con la hipocresía religiosa y que provocó airadas reacciones entre las clases conservadoras, que obligaron al rey a prohibir la obra durante cinco años. Con el apoyo personal de Luis XIV sin embargo, la compañía pasa a ser Compañía Real.

Vivió siempre en una contradicción: admiraba a los trágicos y fue el mejor comediógrafo. Quiso transmitir como actor pasiones y sentimientos y consiguió ser un magnífico actor cómico que hacía reir a carcajadas hasta al Monarca francés. Trasladó con maestría la esencia de la Comedia dell Arte y del teatro popular, retratando tipos y situaciones sociales con una sutileza magistral.

Odió a los médicos a quienes consideró siempre unos embaucadores profesionales, como los devotos y los seudointelectuales de la Corte.  Moliere sigue escribiendo obras inmortales como El misántropo o El médico a palos. Hipocondríaco desde siempre, representando El enfermo imaginario se sintió verdaderamente enfermo y murió poco después en su casa el 17 de Febrero de 1673. Después de toda la libertad moral con la que  había escrito sus obras costó mucho convencer a la corrupta y reaccionaria jerarquía eclesiástica de París de que merecía ser enterrado en un cementerio. Los esfuerzos de Armanda, su mujer, culminaron felizmente este deseo.

Roberto Millán (Crisalio) y Crhistian Andrade (Trissotin)

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