La noche de la iguana (1964). John Huston.

Sí, pero no…

Si “Un tranvía llamado deseo” (1951), de Elia Kazan, como película me parece una maravilla, el lenguaje que nos plantea John Huston para filmar “La noche de la iguana” no me lo parece. Creo que desmerece la calidad dramática del texto teatral, del ambiente dramático y de los personajes que en él se dibujan, no es el adecuado. Y no es por falta de calidad: Rochard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr, Sue Lyon… y un largo etcétera. Algo así debieron pensar en la Academia cuando la película solo recibió en 1964 el Oscar al mejor vestuario y una nominación para Grayson Hall, como actriz de reparto, interpretando muy bien a una fanática intransigente y reaccionario.

Sue Lyon y Richard Burton (arriba). Ava Gardner (abajo).

John Huston a sus cincuenta y nueve años era ya un maestro, pero aquí se equivoca. Se equivoca en el guión, que escribe junto a Anthony Weiller, y que comienza casi como una película de locas aventuras y que ya desde el principio, en mi opinión, traza un personaje de Shannon, el pastor anglicano, completamente deshilachado y estúpidamente excéntrico, desprovisto de la carga existencial que en el texto original posee, a pesar de una introducción soberbia de Richard Burton encaramado a su púlpito y echando pestes sobre los desconcertados feligreses de su parroquia.

No me gusta la película: ni su ritmo, ni la manera de exponer, o de ocultar, el sentido profundo de la obra, que, como todas las piezas dramáticas de Tenesse Williams nos remite a la compleja relación que ciertos individuos (perdedores, desequilibrados, soñadores, etc.) tienen con la sociedad represiva y con algunos de sus miembros más representativos. En este sentido hay como una apuesta por convertir la tragedia en algo más digerible, en algo híbrido y difícil de definir, pero que se acerca peligrosamente a la caricatura.

Sue Lyon, Ava Gardner y Grayson Hall (a la derecha), ganadora de un Oscar por su interpretación.

A pesar de eso, como es evidente y no podía ser de otra manera, la película tiene valores y curiosidades. Una de las mayores ver a la diosa Ava Gardner con unos añitos, cuarenta y dos para se exactos, bella todavía y excéntrica. Y a la joven Sue Lyon, en plena sazón física a sus dieciocho, dos después de haber obtenido el resonante éxito por su intervención en la Lolita de Stanley Kubrik.

Poco más que decir. Tal vez lamentar que Richard Burton, que objetivamente era el actor adecuado, por razones técnicas e incluso biográficas, no logre una interpretación totalmente convincente por razones de las que él no es el único culpable.

Si quieres ver imágenes, pincha aquí.

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