“La Cantata del café” (Versión para niños)

  ESCENA PRIMERA

         (Habitación en penumbra. A la izquierda al fondo, un gran cuadro en forma de biombo. En él se ve una niña de espaldas tocando el piano. En el centro, el piano de cola levemente iluminado por una luz azulada. En primer término, a la derecha del espectador, un sillón delante de otro biombo más pequeño, cubierto por una tela. En el centro, un sillón, una pequeña banqueta y una mesita en donde reposa una cafetera y una taza de café. Aparece el narrador-presentador. Cuando se ha hecho el silencio en la sala dice:)

         Buenos días (tardes)….

         Juan Sebastián Bach es reconocido como uno de los genios musicales más importantes de todos los tiempos. Su obra es inmensa, y su influencia es todavía mayor. Hasta los grandes músicos actuales del jazz, e incluso del rock, así lo han reconocido en innumerables ocasiones.

         Bach nació en Eisenach, en 1685, y murió en Lepzig, en 1750. Conmemoramos, pues, en este año 2000, el doscientos cincuenta aniversario de la desaparición de este alemán universal.

         A través de la biografía que escribió su segunda esposa, Ana Magdalena, sabemos que fue un hombre ordenado, con unas costumbres personales muy arraigadas e incluso rutinarias. Otros dicen que fue algo malhumorado y que poseía un carácter difícil, aunque todos le reconocen sus muchas virtudes: por ejemplo, ser un buen padre y un excelente maestro de los niños que en Lepzig querían aprender a tocar el órgano, cantar en el coro y componer música.

         Hablando de niños: tuvo veinte hijos… (Sí, no os riáis…) Y es que se casó dos veces, porque su primera esposa murió muy pronto. Como es normal en un ambiente familiar en donde la música ocupaba un lugar tan relevante, muchos de estos chicos y chicas se aficionaron muy pronto a escucharla y llegaron también a ser grandes compositores e intérpretes.

         Hoy (esta mañana, esta tarde) vamos a tener la oportunidad de asistir a la representación de una de sus piezas más curiosas y tal vez menos conocidas. Juan Sebastián Bach es considerado por encima de todo como un músico religioso y, por esta razón, sus otras composiciones se han convertido casi en “rarezas”. Entre ellas se encuentra “La Cantata del café”, escrita hacia 1735 y estrenada en un café de la ciudad. Podemos considerarla como una pequeña operita de bolsillo. Su argumento es muy sencillo: una hija se rebela contra su padre porque éste le impide tomar la bebida que más le gusta. Ni más ni menos.

         Como sabéis, la opera es un género intermedio entre la música y el teatro. Podíamos decir que lo actores cantan o que los cantantes actúan. Tiene  una gran dificultad y antes de salir a escena los actores-cantantes han pasado muchos años preparándose para poder hacerlo. Es preciso, por tanto, que en la sala haya desde el principio un silencio absoluto, porque al hacer las dos cosas a la vez, cantar y actuar, cualquier sonido podría desconcentrarles.

         Cuando termine la primera parte os contaré más cosas.

         Ah, pero antes de nada, recibamos con un fuerte aplauso a la persona que acompañará al piano a nuestros protagonistas: el maestro Jorge Idelsohn.

ESCENA SEGUNDA

ESCENA SEGUNDA

( La figura de un hombre mayor aparece a contraluz apoyada en el sillón. Está sólo y parece abatido.)

 

Padre.-

¡Ay los hijos, qué desgracia!

Ellos causan todo el mal.

Todo lo que siempre le digo

A mi hija Rosa ningún fruto me da.

 

ESCENA TERCERA

(Entra la hija degustando una taza de café. El padre se enfrenta a ella.)

 

Padre.-

         ¡Qué mala niña,

qué mala hija!.

Si pudiese lograr que renuncies al café…

 

         Rosa.-

         ¡Padre mío, no me hables así!

Si no permites que beba

Tres tazas diarias de café

Seré profundamente desgraciada.

Tanto, como un bistec muy resecado.

 

ESCENA CUARTA

(Rosa se sienta y llena de melancolía se pone a mirar la taza de café. El padre, apesadumbrado, se pierde en la penumbra.)

 

         Rosa.-

         ¡Ah, el café! ¡Sabe tan dulce!

Es más cautivador que mil besos,

Más suave que el moscatel.

Café, café es lo único que necesito.

Si alguno quiere hacerme feliz

que me ofrezca un café.

(Se hace el oscuro en la habitación de la casa.)

 

ESCENA QUINTA

(El narrador ha contemplado estas escenas sentado en su sillón. Después de meditar unos instantes, se dirige al público diciendo:)

         Desde luego yo no he conocido a nadie que le guste tanto tomar café… No sé, no sé… Aquí hay algo que no me cuadra del todo… A lo mejor la cosa no es para tanto. Quiero decir que a lo mejor hay que mirarla desde otra perspectiva: tal vez la hija esté queriendo llevar la contraria a su padre, o despistarle para conseguir otra cosa más importante y ha escogido el café, como le podía haber dado por las berenjenas… Es decir, como el primer pretexto que le ha venido a la mano para salirse con la suya. ¿Qué querra?

         Sea lo que sea tenemos delante de nosotros todo un conflicto familiar. Algún malpensado ha dicho y escrito que esta obra está inspirada en los propios líos que había en casa de los Bach. No es de extrañar al ser una familia tan numerosa.

         Hablábamos antes de la ópera…

Estoy seguro que muchos de vosotros es la primera vez que estáis en la representación de una, aunque sea de tamaño reducido como ésta, y que incluso, antes de venir, os parecía que la ópera era un lugar en donde la gente mayor se aburría mucho aunque disimulaba después. No es así en absoluto. La ópera puede ser divertida e incluso emocionante. La razón de que se representen tan pocas veces y en lugares tan especiales es muy sencilla: son carísimas, pues la mayoría tienen enormes repartos, necesitan grandes orquestas y gigantescos decorados que no caben en cualquier teatro. En los intermedios, estos decorados suben y bajan en el más absoluto silencio detrás del telón de boca. Cuando vuelve a subir podemos encontrarnos con un paisaje marino, un inmenso lago o el interior de un castillo. Todo es posible ante los ojos de los espectadores.

         Nuestra pequeña ópera, como veis, es muy sencilla. La decoración también lo es, y está inspirada en cuadros de la época. La gran orquesta ha sido sustituida por un piano. Vuestra imaginación, por tanto, es la que debe poner el resto.

         Sigamos con “La Cantata del Café”… Hemos visto a los personajes. El padre que no quiere, la hija que sí quiere… ¿Quién se llevará el gato al agua? La guerra está a punto de estallar. Sigamos los acontecimientos en silencio y con la máxima atención porque todo  es posible y, cuando menos lo esperemos, saltará la sorpresa.

 

ESCENA SEXTA

         (Padre e hija se enzarzan en una agria discusión.)

         Padre.-

         Si no renuncias al café

No irás ni a bodas ni a fiestas.

Ni siquiera a dar ningún paseo.

 

         Rosa.-

         ¡Muy bien!

Pero beberé café…

 

         Padre.-

         Escucha niña consentida:

jamás llevarás faldas de última moda.

 

         Rosa.-

         A esto me puedo acostumbrar fácilmente…

 

         Padre.-

         Ni te asomarás por la ventana

para ver a la gente pasar…

 

         Rosa.-

         También lo acepto.

Sólo te pido

que no me prives del café.

 

         Padre.-

         Y no tendrás

cintas de oro y plata

para satisfacer tu coquetería…

 

         Rosa.-

         Me conformo con una tacita.

 

         Padre.-

         ¡Maldita educación!

¿Es que no logras entender mis razones?

(La hija, visiblemente enfadada, se marcha de la habitación dando un empujón a su padre.)

 

ESCENA SÉPTIMA

         (El padre queda solo. Pasea por la habitación como un oso enjaulado. No cesa de mirar, atormentado, la cafetera y la taza.)

 

         Padre.-

         Estas hijas con la cabeza tan dura

no es fácil ganárselas.

Pero algún punto débil habrá.

El que lo encuentre triunfará…

 

ESCENA OCTAVA

         (La hija vuelve a entrar en la habitación.)

 

Padre.-

         Haz lo que te ordeno…

 

         Rosa.-

         En todo menos en lo del café…

 

         Padre.-

         ¡Está bien!

Hazte a la idea que no tendrás nunca marido.

 

         Rosa.-

         ¡Eso si que no! ¡Yo quiero un marido!

 

         Padre.-

         ¡No lo tendrás jamás!

 

         Rosa.-

         Si no renuncio al café…

¡Café, te digo adiós!

Querido padre: no beberé ni uno más.

 

         Padre.-

         Entonces podrás casarte.

 

ESCENA NOVENA

         (La hija está radiante de felicidad. Acompaña a sentarse a su padre en su sillón e incluso pretende que se ponga a bailar.)

 

         Rosa.-

         Hoy, por favor, querido padre,

Hazme el honor…

¡Un marido, un marido!

Me tiembla hasta el corazón.

En lugar de tomar café

Quisiera, antes de irme a dormir,

recibir en mi cama a un amante.

 

         (Padre e hija descansan abrazados en el sillón. Oscuro lento.)

 

ESCENA DECIMA

(El presentador, que ha seguido con toda atención las escenas anteriores, mantiene su actitud reflexiva. Extrañado por el rumbo que han tomado los acontecimientos exclama:)

¿Y eso era todo? O sea, que la hija lo que quería era casarse y estaba empleando el truco de pedir otra cosa para que su padre le dejara hacerlo… Muchas veces lo que se quiere conseguir es diferente a lo que se pide. Con lo fácil que sería ser claros y sinceros…

         Nuestro autor ha recogido uno de los temas más presentes en el teatro europeo: el conflicto entre padres e hijos. A diferencia de otros grandes autores, como es el caso de Molière, no toma partido claramente por ninguno de los dos bandos.

         Como os decía al principio, esta “Cantata del Café” es una obrita menor, una ópera de bolsillo, y fue escrita como una pequeña diversión. Bach no compuso ninguna ópera grande y se concentró casi por completo en las obras de carácter religioso: ¿Quién no conoce sus Fugas, sus Conciertos, sus famosos Oratorios? Pero a pesar de su tamaño no penséis que la calidad de esta pieza es menor que las de mayor magnitud. En ella están concentradas sus mejores registros musicales, de los que, si queréis, cuando acabe la representación, os hablarán los intérpretes y el maestro Idelshon.

         Pero antes de que la música continúe y los personajes firmen la paz definitiva, aparezcan los actores cantantes debajo de sus ropas de personajes, quiero detenerme, para acabar, en la figura del gran compositor que los ha inventado.

         (Comienza a destapar la tela que cubría el rostro de Juan Sebastián Bach. El pianista está interpretando dulcemente un fragmento de las “Variaciones Goldberg”)

         Juan Sebastián Bach, como muchos otros grandes creadores de las letras y de las artes, murió prácticamente en la pobreza. El sueldo de organista no daba para mucho y, como ya hemos dicho, las bocas eran demasiadas en aquel caserón.  Su viuda tuvo que pasar un calvario afrontando la situación económica de la familia. Sus hijos fueron acogidos en diferentes lugares de Europa y la familia Bach se desperdigó así por completo para no volver a juntarse nunca más. Sólo la música compuesta por su padre y que sonaría permanentemente en sus cabezas, serviría de nexo de unión entre ellos.

         Bach es uno de esos pocos genios indiscutibles que el género humano ha creado. Su aportación fue extraordinaria: cambió el concepto de la música de su tiempo y su influencia es magnífica y desbordante. Pertenece a ese selecto club de grandes artistas entre los que se encuentran Mozart, Leonardo da Vinci, Miguel Angel, Picasso, Cervantes, Goya, Beethoven, y tantos otros, que nos han hecho caminar un paso al frente, abriéndonos el camino de nuestra imaginación y nuestra capacidad de soñar. A todos ellos debemos estarles agradecidos pues con su obra amplían y mejoran nuestra condición de seres humanos.

         Terminemos ahora de escuchar en silencio esta hermosa “Cantata del Café”.

 

ESCENA ONCE

         (La hija y el padre penetran en la habitación. Mientras cantan, se van despojando de sus trajes.)

         Padre e hija.-

         El gato nunca pierde al ratón.

A las jovencitas les encanta el café.

La madre adora el café,

la abuela también.

¿Quién puede condenar a una hija por ello?

         (Cuando han acabado de desvestirse se sientan en una actitud pacífica. Los dos reflejan en su rostro el gesto de la victoria. Oscuro lento. 

FIN

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